Un vacío impertinente llega hoy a su fin. Lena, Leo, Luz y Liset han dicho ya todo lo que querían decir y una vez cumplida su misión, han decidido volver al lugar del que surgieron. Las cuatro tenían algunas cosas que contar, y fueron ellas mismas las que me sugirieron que transcribiera en palabras sus mundos particulares. Yo simplemente les brindé mi tiempo y les ofrecí mi pluma. De modo que todo cuánto queda recogido en este blog son sus reflexiones, sus latidos y sus memorias. Y en definitiva, su particular manera de entender y sentir la vida.
Cada una de ellas firma sus propios posts, que aparecen por orden cronológico de publicación, y en la columna de la derecha, bajo el título "Juntas, pero no revueltas" agrupados por personaje.
A ellas les debo tantas y tantas tardes de interesantes tertulias y reveladoras confesiones. También es verdad que a veces me han hecho pasar malos momentos: No todo lo que me han contado era agradable ni fácil de explicar. Pero en conjunto he disfrutado como una enana en su compañía, y tengo mucho que agradecerles. Supongo que de alguna manera, aunque ahora regresen a sus mundos, forman ya parte del mío.
Muchas gracias por vuestros paseos por el blog y vuestros comentarios.
jueves 13 de marzo de 2008
Game over
Publicado por Lena
miércoles 12 de marzo de 2008
Pertinencia
Hiere más la impertinencia,
la falsa ubicación de toda esencia
que el vacío que presuntamente acecha.
Ese vacío
que existe de forma permanente,
tres nudos ha desatado:
Quién, Cómo y Por qué.
Precisamente.
Ese vacío
que continúa vacante y desocupado,
ha encontrado al fin su sitio.
Se ha vuelto legítimo.
Y por ende, pertinente.
Publicado por Luz
martes 11 de marzo de 2008
Tranquilidad
Todo ser vivo nace, crece, se reproduce (a veces) y muere. Y esa misma lógica, que es aplicable a muchos procesos, es también válida para Un Vacío Impertinente.
Me queda la tranquilidad de haber dicho todo lo que quería decir sin que nadie me moviera una coma o me recortara un solo párrafo. He querido con mis letras dar voz a ciertas reflexiones críticas sobre las identidades femeninas en el mundo occidental, donde parece imperar el discurso de que las mujeres ya son libres. Bueno, sí, algunas somos más libres de lo que lo fueron nuestras abuelas. Lo cual no quiere decir que seamos tan libres como nuestros hermanos, ni que ellos sean tan libres como se les ha venido diciendo. No me he querido referir aquí tanto a las manifestaciones más obvias, sino sobre todo a las presiones sociales, a los estereotipos sexistas que aún siguen vigentes y a los comportamientos inconscientes heredados que nos limitan, a cada cual según su sexo. Ha sido precisamente sobre ésos sobre los que he querido reflexionar, para visibilizarlos. Al fin y al cabo, ¿Por qué tienen tanto peso en nuestras vidas las convenciones sexistas que nos limitan?
Publicado por Leo
Revelación
Aún me acuerdo del día en que Luz, Leo y Lena me propusieron formar parte de Un Vacío Impertinente. "¿Quién, Yo? Pero ¿Y qué voy a contar yo?" La verdad es que en parte acepté porque estaba un poco aburrida y no tenía nada más interesante que hacer. Pero reconozco que luego me gustó realmente. Y ahora tengo que decir que tenían razón, sobre todo Leo, que cuando le dije que no sabía de que escribir, me dijo que no se trataba de inventar nada nuevo, sino de que escribiera sobre mi propio mundo, que no era ni más ni menos, simplemente era. Y ésa ha sido para mí, la gran revelación. Descubrir que yo también tengo un mundo propio.
Publicado por Liset
viernes 1 de febrero de 2008
Medios y miedos
Primero empezó haciéndolo sólo por las noches. Luego amplió su encierro también a las tardes. Para que nadie le molestara, cerraba las ventanas, bajaba las persianas y descolgaba el teléfono. Poco a poco fue dejando de bajar a la calle a pasear, se volvió desconfiada, recelosa, y empezó a rehuir a amigos y conocidos. Sin embargo, cuánto más sola y más aislada, tanto más cómoda y acompañada se sentía. Pero sobre todo, se sentía infinitamente más segura. El miedo al mundo exterior se había ido apoderando de ella de tal modo que ya sólo se sentía a salvo encerrada.
La noticia de su muerte salió en la prensa local, se comentó en la plaza y quiénes la conocieron lamentaron su pérdida. No fue una muerte sórdida o macabra, en realidad fue de lo más común: cambió la ficción que otros construían por su propia realidad y sin darse cuenta se fue apagando hasta que finalmente se consumió. Como suele suceder en estos casos, ella fue la única que no se enteró. Aún hoy sigue pensando que está viva.
Publicado por Lena
miércoles 30 de enero de 2008
Cambio de tercio
Ésta es una de ésas cosas que si no me hubieran pasado en persona, me costaría mucho creer. Pero como la he vivido en mis propias carnes, no puedo negar su evidencia. Cuando esta mañana he llegado al mostrador, ella estaba al otro lado del tablero, justo detrás de la recepcionista a la que le he explicado mi caso, aunque a juzgar por la patética situación en la que me encontraba, sobraban las palabras. Cumplido pues el primer trámite, me he sentado como he podido en una de las sillas de la sala de espera. Al rato, ha aparecido ella y se ha acercado a mí: “Hola, he oído tu caso. Creo que yo te puedo ayudar. Ven por aquí”. Me he levantado todo lo rápidamente que he podido, y la he seguido hasta su despacho. Me he sentado frente a ella, y antes de poder estudiar su uniforme, me han asaltado un par de ojos amables y comprensivos. “Bueno, vamos a ver, déjame ver tu informe”. Lo leía con un rictus relajado y sereno, como si estuviera leyendo el periódico del domingo. De pronto levantó la vista, se quitó las gafas y me habló mirándome a los ojos: “Bien, lo primero que te tengo que decir, Leo, es que estoy harta de ver casos como el tuyo y te voy a ser muy franca. La verdad es que no tiene una solución rápida, pero en tu caso, aún no es demasiado grave y estás a tiempo.” Respiré un poco aliviada. “Leo, te guste o no, tu cuerpo te está hablando y no puedes seguir ignorándolo. Ya sé que no quieres estar más en casa y lo único que te interesa es volver cuanto antes a hacer vida normal, pero me temo que eso no es posible. Si quieres volver a caminar, tienes que abandonar las prisas y las urgencias."
Todo eso me sonaba un poco a chino, pero la verdad es que sus palabras me transmitían tanta paz, había tanta seguridad en la calma de su voz y en sus gestos, que casi sin pensármelo le dije que sí. Que quería intentarlo.
Publicado por Leo
lunes 28 de enero de 2008
Los 30
Desde que cumplí los 30 me acompaña la sensación de haberme caído, de sopetón, en mitad de mi vida. De haber entendido de repente, con una clarividencia tan excitante como terrorífica, que los trenes a los que no me suba hoy, tal vez no volverán a pasar. No me preocupa dejar pasar aquellos a los que de todos modos no pretendía subirme, pero ¿Qué hay de aquellos a los que tal vez me subiría más adelante? ¿Acaso volverán a pasar una vez más?
A los 30 ya existe un ayer, un trozo de vida consumido que queda sólo en el recuerdo y la nostalgia. Y ese pasado convive, en la década de los 30, con un futuro aún muy abierto. Todavía puede una volverse atrás, cambiar de rumbo y empezar de nuevo. Aunque ya no como a los 20. Las décadas, entiendo ahora, no pasan en vano. El nivel de complicación aumenta, porque ahora ya no se trata tan sólo de lanzarse a lo desconocido, probar, jugar, y volver a empezar. Intuyo que ahora empieza otra etapa: la de concretar, definir y apostar, sobre todo apostar. ¿Pero a qué, dónde, cómo? ¿Acaso se puede pasar? Al fin y al cabo, no apostar es también una decisión.
Mis sentidos son, sin lugar a dudas, los grandes protagonistas de mis 30. Están en su apogeo, en su punto, tal vez como nunca más lo volverán a estar. Por un lado me deleito con ellos y por otro, percibo los latidos de la urgencia, el cosquilleo de arriesgar sin garantías. Y ésa es otra, que desde que me caí en los 30 asocio la palabra garantía más con ilusión que con seguridad. Y respiro la vida, la siento, con la intensidad eufórica de las cosas que se saben finitas. Tal vez sea porque ha llegado el momento de jugársela. O tal vez no. En cualquier caso: pura adrenalina.
Publicado por Lena
miércoles 23 de enero de 2008
El Dorado
Me fijé en sus manos ásperas y agrietadas. Sus ropas gastadas y sus zapatos viejos. El pelo canoso y mal teñido. Debía tener unos 50 años, tal vez menos. Iba sentada en el metro frente a mí, exhausta y ausente ya de buena mañana. De prono le sonó el móvil, se metió la mano en la chaqueta, respondió y se le iluminó la cara. Apenas habló, tan sólo unos cuantos monosílabos afirmativos mientras sus ojos se movían inquietos y se le dibujaba en el rostro una sonrisa tan sincera como cansada. Sólo al final, antes de despedirse, pude oírla decir: “Entonces, ¿Estás contenta, no? Qué buenas noticias. Sí, sí, yo estoy bien, no te preocupes por nada. Un beso, hija”. Se bajó un par de paradas antes de la mía, la seguí con la mirada hasta verla desaparecer entre la gente y me quedé un poco triste. Al salir del metro, me sorprendí tarareando una vieja canción.
Publicado por Lena
