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viernes, 26 de abril de 2013

Sin contemplaciones

En realidad las cosas pasan o no pasan. Y cuando pasan, lo hacen a traición. A una velocidad vertiginosa y sin contemplaciones. De modo que te adaptas o no te adaptas. No existen terceras vías. Darle vueltas al asunto, cuestionarlo, enfadarse incluso, no son más que variantes de una clara inadaptación.

Por poner un ejemplo, aunque lleves toda la vida bajándote en la misma parada de metro, en cuanto la vida te cierre esa puerta, y te expulse violentamente dos paradas más allá, tu vida nunca volverá a ser la misma. Tu realidad cotidiana será otra, y ésa será desde entonces tu nueva vida, porque ese será ahora tu presente. Por supuesto que puedes regresar tantas veces como quieras a tu anterior parada, pero eso no cambiará las cosas. A partir de ahora no es más que un escenario de cartón piedra, puedes visitarlo, mirarlo con nostalgia, rememorarlo y hablar de él a todas horas, pero eso es todo. Nada más. Mientras tanto tu vida seguirá avanzando ciegamente hacia hacia otra dirección. Te guste o no, tu vida es lo que pasa desde que te incorporas al mundo por la mañana hasta que te despides de él de madrugada. Eso es tu vida. Lo que fue, cómo fue, lo que pudo haber sido, lo que será.. ¿A quién le importa eso, ahora? Palabrería, ilusionismo, literatura...

Mi vida es ver caer el sol todas las tardes a través de los enormes ventanales de este inesperado séptimo piso. Ansiar en secreto el momento de entrar en el lavabo, quitarme la ropa y ponerme el traje de superwoman para salir ahí a fuera y batir mi propio récord.


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