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martes, 6 de abril de 2010

Un momento inesperado

Estas cosas pasan siempre cuando menos las espero. Cuánto más me esfuerzo en que pasen, menos posibilidades tengo de que sucedan, pero en cuánto me olvido y consigo librarme de la esperanza de volver a vivirlas, zas! me vuelven a pasar. Y ahí estoy yo otra vez, boquiabierta y sorprendida diciéndome a mí misma: "Sí, sí, eso es, eso es exactamente. Estoy leyendo exactamente algo que yo ya había pensado antes, pero que todavía no había logrado verbalizar." Entonces recuerdo por qué a pesar de las líneas vacías, los capítulos insulsos y los finales decepcionantes, siempre vuelvo a los libros: Por ese momento en el que de pronto te encuentras leyendo tus propios pensamientos, escritos por alguien que no eres tú. Maravilloso.

"Los hombres (y las mujeres) viven en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia esencial es el dominio del lenguaje. Eso es terrible porque, en el fondo, somos primates programados para comer, dormir, reproducirnos, conquistar y asegurar nuestro territorio, y aquéllos más hábiles para todas esas tareas, aquellos entre nosotros que son más animales, ésos siempre se dejan engañar por los otros, los que tienen labia pero serían incapaces de defender su huerto, de traer un conejo para la cena y de procrear como es debido. Es un terrible agravio a nuestra naturaleza animal, una suerte de perversión, de contradicción profunda".

Muriel Barbery: La elegancia del erizo.