Páginas

domingo, 24 de octubre de 2010

Basta con vivirla

Si de triunfar se trataba, realmente no. Tengo que reconcer que yo no he triunfado en la vida. Como se suele decir vulgarmente, yo no soy nadie, no he destacado en nada, no he conseguido grandes logros ni estoy en camino de ello. De hecho no sabría ni hacia dónde encaminarme para llegar a alguna cima. Digamos que yo vendría a ser simple y llanamente una persona anónima, viviendo un anónimo día a día.

Pero si no se trataba de triunfar.. si de lo que se trataba era de otra cosa, entonces puede que sí haya alcanzado algunas metas. No sabría decir en qué lugar he quedado, pero tampoco me parece relevante. Cuando una compite consigo misma, la victoria no se mide en función de los demás. El trinfo se siente por dentro. Cuando se cruza una meta, se acaba un proyecto, llega a su fin un viaje, o se acaba una larga espera, no es necesario que el mundo entero sepa o reconozca esa pequeña victoria. Basta con vivirla. Y contarla.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Volver

No sé qué hora debía ser cuando esos ruidos me despertaron. Estaba todo a oscuras, sólo podía ver, y con mucha dificultad, la sombra de unos enormes árboles en frente de mí. Oía voces, gritos, pisadas de gente corriendo de un lado a otro. Me di la vuelta y advertí que estaba sola. Supuse que Cloe también se habría despertado, y se había levantado para ver qué pasaba. Los gritos eran cada vez más angutiosos y desesperados, no entendía muy bien qué decían, pero parecían una mezcla de insultos, órdenes y suplicios. Y ella no volvía. Afiné el oído y entendí que era algo así como una persecución, unos corrían alterados y otros les seguían muy de cerca increpándoles. En algún momento pensé en levantarme para ver qué estaba pasando, pero seguía sin ver prácticamente nada y tuve miedo de desorientarme y no saber volver. Lo cierto es que estaba aterrada. Por lo menos en el silencio de mi lecho me sentía protegida por la propia oscuridad que me envolvía. Si yo no podía verlos a ellos, ellos tampoco me encontrarían a mí. Sí, mejor quedarme inmóvil y dejar que pasara todo.

De pronto sentí unas pisadas que se acercaban. Eran ligeras, tranquilas, y al mismo tiempo se dirigían ágiles y rápidas directamente hacia mí. No era Cloe, conozco su manera de andar y sabía perfectamente que no era ella. Se me aceleró el corazón, intenté respirar con normalidad, pero notaba cómo el miedo se iba apoderando de mí y cada vez respiraba con más dificultad. Noté que algo húmedo me rozaba la mano. No podía ver qué era, pero parecía el morro de un animal. Seguramente un perro. Me quedé inmóvil. El morro de aquel animal me volvió a rozar la mano y noté su cabeza contra mi mano. Eso me tranquilizó. Fuera lo que fuera no parecía tener ninguna intención de atacarme. Le acaricié la cabeza suavemente y sentí que el animalito se acostaba a mis pies. Bien, respiré aliviada. Ya no estaba sola. Eso me hizo sentir un poco más segura. Pero mi compañera seguía sin venir y los gritos no cesaban. Estaban muy cerca, ahora estaban justo al otro lado de los árboles. Temí que la hubieran descubierto. Sin pensarlo demasiado, me levanté muy lentamente y me coloqué justo detrás de un gran tronco. Luego aparté algunas ramas y vi algo más de luz. Avancé un poco más hacia los ruidos, y me encontré en el pasillo de mi casa, yendo hacia la ventana de la habitación pequeña. Estaba aturdida y no lograba entender exactamente dónde estaba ni qué me estaba pasado. Retiré un poco las cortinas y me asomé a la ventana. Vi dos furgonetas de la policía y varias personas esposadas contra la pared. Volví a notar que algo me humedecía los tobillos, bajé la vista y me encontré con los brillantes ojos de mi gato.

De modo que era eso: la realidad se había colado sigilosamente en mi sueño para advertirme de una situación de peligro real. Ya no estaba en el medio de un enorme bosque disfrutando de la paz y la tranquilidad de la naturaleza. Ahora estaba otra vez en la ciudad, con mi fiel mascota. De nuevo el ajetreo, los ruidos, la violencia, la agresividad y los conflictos de insomnes desconocidos se volvían a colar por mi ventana.

Esta vez, sin embargo, no tuve ganas de quedarme observando la escena para saber qué había pasado. No sentí la más mínima curiosidad. Simplemente me di la vuelta y me volví a acostar. Desvelada, cansada y extrañamente resignada.

jueves, 29 de julio de 2010

Sin peso

Estamos a finales de julio. Contemplo desde mi humilde balcón una tormenta de verano. Ha venido de la nada y ahí está, descargando con fuerza toda la tensión acumulada en estas últimas semanas: la pesada carga de las decisiones bochornosas, la fría gota de sudor que te recorre el espinazo antes de firmar un contrato tan esperado como temido, las agujas que te abrasan los nudos cervicales, y ese molesto ardor de estómago al tener que encajar las frustraciones ajenas. Y ahora, así de pronto, se presenta ante mí esta bendida tormenta de verano. Siento que con ella se está corriendo un tupido velo sobre este mes convulso, difícil e intenso. Que lo vamos dejamos atrás, que se ha quedado en el mundo que existía antes de la tormenta. Y cuando ésta cese, lo habrá limpiado de mi vista. De mi presente.

El cielo necesitaba un respiro y le ha sido concedido. Yo también necesitaba como agua de mayo esa imparable tromba de agua que se ha llevado consigo todo el polvo levantado, y que al cesar, ha dejado el ambiente limpio, fresco y liviano.

Sin peso. Que es como mejor se viaja.

jueves, 17 de junio de 2010

Gente de ley. Gente de bien

De pronto, ese ruido de fondo que proviene de la tele, se ha parado en seco y ha captado mi atención. He levantado la vista y me he fijado en ese hombrecillo mayor, de rostro afable, casi familiar, que me miraba fijamente, y en un tono casi de confidencia ha dicho:

"Mire, muchas veces las batallas no se libran para ganar, porque ganar, no ganarás mucho. La verdad es que la batallas se libran, sobre todo, por la dignidad".

No podría estar más de acuerdo. En realidad, la dignidad es algo tan personal, que nadie puede quitártela. La dignidad no se pierde, se entrega. Por eso es tan horrible no luchar por ella, abandonarla o dejarla a su suerte.

Yo nunca he tenido grandes ídolos, no he admirado nunca a nadie sin conocerlo, sin haber comprobado en primera persona que eso que dice o promulga, luego lo aplica en su vida cotidiana. Sí he conocido, por contra, personajes que me han parecido tremendamente contradictorios e insinceros. La verdad es que ese tipo de actitudes no despiertan en mí ningún tipo de interés o curiosidad. Lo cierto es que los aborrezco sobremanera. No me interesan.

No suelo ser una persona impresionable, más bien suelo tomarme mi tiempo en observar lo que sucede a mi alrededor. Sin embargo, hay algunas personas, que cuánto más las observo, más me impresionan. Y ahora que lo pienso, lo que más admiro de ellas es precisamente eso: su dignidad. Esa discreta y silenciosa coherencia entre sus palabras y sus actos. Eso me maravilla. Me impresiona. Desprenden algo tremendamente poderoso e inspirador. Son almas que luchan a diario consigo mismas para mantenerse limpias y dignas. Gente de ley. Gente de bien.

martes, 8 de junio de 2010

Fantasías

"No existe en el mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura".

De qué hablo cuando hablo de correr. Haruki Muramaki.

Efectivamente las fantasías pertenecen a su propio mundo, y lo habitan, lo decoran y lo alimentan con pedacitos del mundo real que moldean a su antojo, creando verdaderas obras de arte. Majestuosos escenarios oníricos que me quitan el sueño y me dejan sin habla.

martes, 6 de abril de 2010

Un momento inesperado

Estas cosas pasan siempre cuando menos las espero. Cuánto más me esfuerzo en que pasen, menos posibilidades tengo de que sucedan, pero en cuánto me olvido y consigo librarme de la esperanza de volver a vivirlas, zas! me vuelven a pasar. Y ahí estoy yo otra vez, boquiabierta y sorprendida diciéndome a mí misma: "Sí, sí, eso es, eso es exactamente. Estoy leyendo exactamente algo que yo ya había pensado antes, pero que todavía no había logrado verbalizar." Entonces recuerdo por qué a pesar de las líneas vacías, los capítulos insulsos y los finales decepcionantes, siempre vuelvo a los libros: Por ese momento en el que de pronto te encuentras leyendo tus propios pensamientos, escritos por alguien que no eres tú. Maravilloso.

"Los hombres (y las mujeres) viven en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia esencial es el dominio del lenguaje. Eso es terrible porque, en el fondo, somos primates programados para comer, dormir, reproducirnos, conquistar y asegurar nuestro territorio, y aquéllos más hábiles para todas esas tareas, aquellos entre nosotros que son más animales, ésos siempre se dejan engañar por los otros, los que tienen labia pero serían incapaces de defender su huerto, de traer un conejo para la cena y de procrear como es debido. Es un terrible agravio a nuestra naturaleza animal, una suerte de perversión, de contradicción profunda".

Muriel Barbery: La elegancia del erizo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Puro cosmos

Calma es contar diez antes de responder.
Claridad es saber hacia dónde quieres ir.
Paz es constatar que tus pasos van en esa dirección.
Libertad es la voz de tu verdad.

Y todo lo demás.. Puro cosmos.

domingo, 28 de febrero de 2010

Stop

Una diminuta bola de nieve se repliega en sí misma, arrastra a las que tiene a su alrededor, empieza a coger fuerza y velocidad, se convierte en una enorme masa incontrolable que arrasa a su paso todo cuanto encuentra y sólo se detiene al chocar contra algo más fuerte que ella que la disuelve. Es el efecto alúd. No te das cuenta de que te viene encima hasta que te aplasta. El ritmo frenético y vertiginoso de la vida moderna es un poco como un alúd. Las prisas diarias, las urgencias sin importancia, la falta de sueño, el cansancio, las comidas rápidas, ese corre-corre constante e imparable que se va apoderando de ti, te acelera el corazón y te hace ir por la vida como si ésta fuera una calle de San Francisco y tú la bajaras en una bicicleta sin frenos. Es la misma sensación que estar dentro de un torbellino que cada día gira a más velocidad, y no te concede ni una pausa para darte cuenta de que has caído en la trampa: te has convertido en un hamster hiperactivo y enjaulado dando vueltas en su triste ruedecilla.

Y así las cosas, de pronto un día llegas a un cruce y te encuentras un semáforo en ámbar. Y ese día, en lugar de acelerar y saltártelo, te detienes en seco. Lo primero que notas es el impacto en tu nuca de la bola que llevas arrastrando y que tiene ya un tamaño considerable. (A mayor tamaño de la bola, más fuerte es la colleja que recibes). Cuando logras recobrarte del golpe, se abre ante ti un mundo de quietud desconcertante, un silencio y una calma total en la que la vida te parece otra. Tú misma te sientes otra. Es como si todo a tu alrededor se hubiera detenido y por fin puedes escuchar a esa suave voz en off que lleva tiempo susurrándote: ¿Por qué corres tanto? ¿Qué prisa tienes? ¿Dónde crees que vas?