Páginas

lunes, 23 de noviembre de 2009

Perspectiva

Dicen que tomar perspectiva de las cosas es bueno. Yo creo que lo que pasa es que cuando puedes ver las cosas con perspectiva es porque ya no te no te duelen, no te hieren y ni te rozan. De alguna manera has conseguido instalarte en esa indiferencia pasiva, desde la cual puedes sobrevolar de nuevo las cosechas malogradas sin que te importe demasiado. Sí, te sabe mal, qué pena, qué lástima, pero en realidad piensas: qué bien que me fui a tiempo, que recogí mis bártulos a tiempo (de hecho, ni siquiera recuerdo si fue así o si me los tiraron por la ventana). En cualquier caso, qué importa ya todo eso. Yo ya no labro esas tierras, al cuerno si se secaron y se volvieron áridas. Y es en ese momento, en el que está una a salvo de los boomerangs del pasado cuando la perspectiva se me antoja una salvación cruel y tristísima. Pero al fin y al cabo, no nos engañemos: una salida. Una manera como cualquier otra de sobrevivir a lo vivido sin ser capaz, tampoco ahora, de situarlo objetivamente en algún sitio digno. Qué difícil es eso de la dignidad. En el momento justo a una se le escapa, y a toro pasado, la perspectiva nos la arrebata. Porque aquello que fue tanto, ahora ya, de pronto, no es nada. Y lo que no es, o ya no te duele, ni te hiere, ni te roza, es como si no hubiera existido. Como si nunca hubiera pasado. Hasta parece mentira. Qué barbaridad. Qué poca cosa somos cuando dejamos pasar el tiempo, y el viento nos lleva a otros lares y de pronto un día, nos ponemos a pensar y miramos atrás con perspectiva.