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jueves, 15 de enero de 2009

Sonata de Otoño

Película dirigida por Ingmar Bergman en 1978. Años más tarde escribiría sobre ella lo siguiente:

"Se esconde algo misterioso en la frase “la hija da a luz a la madre” que escribí en el proyecto original. Allí hay un sentimiento que no tuve fuerzas de llevar hasta el final. La noche de la absolución."

Ahora los directores José Carlos Plaza y Manuel Calzada dirigen una versión teatral de Sonata de Otoño, encarnada por Marisa Paredes, Nuria Gallardo, Chema Muñoz y Pilar Gil. Y se explican:

"[..] Hemos trabajado en nuestra Sonata alejándola del naturalismo y situándola en un espacio donde no hubiese límites: el espacio de la mente. Un espacio parecido a la realidad, que construye la realidad como el recuerdo recrea la realidad. Y hemos acompañado a Bergman en un paseo tortuoso pero profundamente lúcido. Tratando de ser objetivos en un terreno especialmente movedizo, delicado, cruel y confuso: el alma de las personas. Paseo que no tiene final, ni –realmente– principio. Todo seguirá aparentemente igual… y todo empieza… ¿cuándo? ¿Cuándo nace el amor que devora y se reprime, al que no damos salida, el que no es correspondido, el que se trasforma en un odio que ni siquiera podemos reconocer? ¿Cuándo empiezan las heridas? Pero indudablemente somos el producto de esas heridas; al mismo tiempo vivimos creando las que herirán a los demás. A los que más queremos, que llevarán de por vida cicatrices de nuestros afectos.

La obra es, por lo tanto, una biopsia de esas almas.

Sonata de otoño se estructura como una lucha, un encuentro físico entre dos almas separadas. En ese encuentro lo que se dice y lo que se escucha casi nunca es lo mismo. Hay diferencias infranqueables tanto en las vivencias como en los recuerdos; aun en los que fueron compartidos. La obra, al no necesitar más espacio concreto que el del recuerdo, nos permite trabajar en elipsis de tiempo, a veces de horas, a veces de minutos... Y nos da ocasión de ir de una escena a otra con enorme facilidad, sin una continuidad precisa, imaginemos una película a la que le faltase algún fotograma. Como el recuerdo mismo. La acción, en la rectoría de una pequeña ciudad de Noruega, lejos de Oslo, en pleno campo. Obviamente nuestra época."

En mi opinión se trata de una potente puesta en escena de los entresijos psicológicos y las complejidades emocionales de la relación madre-hija.

En cartel en Barcelona, en el teatro Romea, hasta el 8 de febrero de 2009.