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jueves, 31 de diciembre de 2009

Gracias por elegirme

Después de tantos y tantos ríos de tinta, tengo la sensación de que por fin acaba una era y empieza otra. Y precisamente ahora, en medio de tantos cambios y tanta vorágine, cuando todo empieza a moverse con una velocidad vertiginosa, voy a pararme un momento. Quiero detenerme justo aquí, en este punto de inflexión tan decisivo, para mirar a mi alrededor y sacar una foto a mis compañeros de viaje. Al fin y al cabo, ellos son los que hacen que caminar siga valiendo la pena. Por eso quiero dedicarles a todos ellos esta canción de Los Secretos. Porque son seres especiales que me han elegido y a los que yo he elegido para seguir adelante con mi nuevo rumbo.



Para: Ami y Brutus, Pepiño, Andreu i Andreina, la noia de les terres de l'Ebre, una murciana muy chic, Ortega y Gasset, Zipy Gil y Zape Jiménez, una alcoiana afincada en Gràcia, una urbanita con un pie en Vecarises, una superwoman buscant casa a la muntanya amb la senyoreta Agnus, las Pardiñas, una sueca muy sui generis y una burgalesa de ses illes, una moza del Norte, la princesa Dulcinea, el trotamón del Masnou, Little David, manita en la otra punta del mundo, Boliche y su inseparable Buffy, the lemonade friend, las 3 chicas de oro de un pueblo pesquero, la reina de Perú desde Inglaterra, una zagala maravillosa del pijo Levante, una ex-deportista de élite con agenda de ministra, una intelectual catalina rodeada de biberones, la pequeña saltamontes Jessi-Bowles, Frankie y su happy family, una francesa sureña buscando sus raíces, una salamantina de cine, y por supuesto: Mougly, mi confidente más elegante.

Gracias por elegirme.. y que empiece la función!

lunes, 28 de diciembre de 2009

Silencio

Cuando las palabras se van, y solamente queda la mujer. Dice Cristina Peri Rossi.

Cuando las palabras se van, y solamente queda la mujer.. yo me pregunto qué sentido tiene seguir hablando.

Después de todo.. No estoy muy segura de querer saber quién es ahora esa mujer cuyas palabras ya no entiendo y cuyo universo me produce al tiempo desasosiego e indiferencia.

Por eso guardo silencio. De momento resume muy bien todo cuánto tengo que decir al respecto.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Je dis que..

Si pedimos lo que no damos,
obtendremos lo que no queremos.

Ça c'est claire, pourtant..

Si no pido lo que no puedo ofrecer
tal vez alguien me ofrecerá lo que necesite.

Ça c'est possible allors..

sábado, 5 de diciembre de 2009

Locura

La locura es como la inteligencia.
No se puede explicar.
Igual que la inteligencia, te llega de pronto, te llena,
y entonces la comprendres.
Pero cuando te abandona, dejas de comprenderla.

Hiroshima mon amour, Marguerite Duras

lunes, 23 de noviembre de 2009

Perspectiva

Dicen que tomar perspectiva de las cosas es bueno. Yo creo que lo que pasa es que cuando puedes ver las cosas con perspectiva es porque ya no te no te duelen, no te hieren y ni te rozan. De alguna manera has conseguido instalarte en esa indiferencia pasiva, desde la cual puedes sobrevolar de nuevo las cosechas malogradas sin que te importe demasiado. Sí, te sabe mal, qué pena, qué lástima, pero en realidad piensas: qué bien que me fui a tiempo, que recogí mis bártulos a tiempo (de hecho, ni siquiera recuerdo si fue así o si me los tiraron por la ventana). En cualquier caso, qué importa ya todo eso. Yo ya no labro esas tierras, al cuerno si se secaron y se volvieron áridas. Y es en ese momento, en el que está una a salvo de los boomerangs del pasado cuando la perspectiva se me antoja una salvación cruel y tristísima. Pero al fin y al cabo, no nos engañemos: una salida. Una manera como cualquier otra de sobrevivir a lo vivido sin ser capaz, tampoco ahora, de situarlo objetivamente en algún sitio digno. Qué difícil es eso de la dignidad. En el momento justo a una se le escapa, y a toro pasado, la perspectiva nos la arrebata. Porque aquello que fue tanto, ahora ya, de pronto, no es nada. Y lo que no es, o ya no te duele, ni te hiere, ni te roza, es como si no hubiera existido. Como si nunca hubiera pasado. Hasta parece mentira. Qué barbaridad. Qué poca cosa somos cuando dejamos pasar el tiempo, y el viento nos lleva a otros lares y de pronto un día, nos ponemos a pensar y miramos atrás con perspectiva.

martes, 17 de noviembre de 2009

¿Cuánta felicidad cabe en tu vida?

Saber la profunidad del abismo es duro, pero al fin, es fácil: cuando tocas fondo, ya la sabes. En cambio saber la cantidad de aire puro que me cabe en los pulmones me resulta más difícil. Creo que estoy más acostumbrada a mirar hacia abajo que hacia arriba. Sospecho que es un mal cultural hijo directo de esta sociedad nuestra: a caballo entre el miedo y la evasión. Tarde o temprano, a todos nos salpica de algún modo. Pero la cultura también está para eso, para cuestionarla y ponerla patas arriba. Me pregunto qué se debe sentir estando allí arriba, en lo alto. Y éste es mi reto ahora: saber hasta dónde soy capaz de subir. Creo que eso tampoco me lo enseñaron en la escuela. Así que si quiero saberlo, tendré que aprenderlo ahora, de mayor y yo solita: en la vida misma. ¿Cuánto sitio soy capaz de hacerle a la alegría? O lo que es lo mismo: ¿Cuánta felicidad cabe en tu vida?

domingo, 30 de agosto de 2009

Ahora sí

quiere decir básicamente
que antes no.

miércoles, 10 de junio de 2009

Sin palabras

El mundo de la semántica funciona al revés de cómo nos lo explicaron en la escuela: No somos nosotros quiénes las escogemos a ellas, son ellas las que deciden hablar por nosotros. Las palabras tienen vida propia, escapan a nuestra voluntad para contar lo esencial, y aunque no queramos, de vez en cuando nos traicionan y nos delatan. Son ellas y no nosotros, las que cuentan lo realmente importante. Por eso si las escuchamos atentamente, también nos ayudan, nos dan pistas y nos guían. Mira por ejemplo la palabra "precipitarse". Es de lo más gráfica, porque quién se precipita, se despeña, se descalabra, da un paso mortal en falso y cae al abismo. De manera que si alguien te dice "No te precipites", por muy tranquilamente que te lo esté diciendo, lo que en realidad te está diciendo es: "¡Cuidado!"

De todos modos, más que lo que dice la gente, a mí siempre me ha gustado escuchar lo que no dice. Lo que oculta, disimula o directamente se empeña en negar. A menudo los silencios, los gestos involuntarios, las miradas perdidas o las palabras a destiempo dan pistas inequívocas de la esencia, del momento, de lo que realmente está pensando o sintiendo la persona que tienes delante. Sí, es una manera mucho más compleja de relacionarse con el mundo (a quién no tenga esta actividad por hobbie, no se la recomiendo, porque entre otras cosas, es larga y agotadora). Y si a una no le resulta placentero el camino, sencillamente no le encontrará el sentido a este viaje. Pero para mí, un ser paciente y contemplativo por naturaleza, es un entretenimiento diario que me conecta con mundos paralelos invisibles que tarde o temprano acaban saliendo a la superficie.

Además se trata de un entretenimiento muy útil, porque las palabras, (las que se dicen y las que se callan) si se toma una el tiempo de analizarlas, son grandes aliadas del entendimiento. Desde luego yo les tengo mucho que agradecer. Especialmente a esas palabras que alguien me dijo serenamente pero con toda la intención del mundo: "No te precipites", y que yo entendí perfectamente con toda su magnitud semántica: "¡¡Cuidado con el abismo!!!". Lo demás fue cuestión de tiempo, el otro gran aliado del entendimiento. De modo que me senté a esperar pacientemente y a observar las pistas del camino: De pronto un silencio extraño, ahora un gesto impertinente, más tarde una mirada huidiza, y finalmente unas palabras traicioneras. Y fue así como sin mover ni un dedo y sin saber que estaba en el mismo ojo del huracán, salí de él con apenas unas magulladuras, pero al fin y al cabo, sana y salva. Y sobre todo: sin palabras.

jueves, 9 de abril de 2009

La grieta

Una grieta en la pared. Un fino surco que divide en dos lo que antes era un todo. Las casas, las paredes, los techos forman parte de nuestro caótico mundo, y como tales, están igualmente sometidos a las implacables leyes del paso del tiempo y la erosión. Vista de cerca, una grieta en la pared no es tan diferente de una grieta en el corazón. Un fino hilo de sangre que rompe la armonía y la alegría de la cavidad que antes latía, segura y recogida, como un todo. La grieta es un símbolo de separación, de un mundo dividido en el que las nuevas partes empiezan a desfilar en direcciones opuestas. Aparece cuando las cosas ya no son capaces de guardar las formas, y mucho menos la compostura. Ese primer surco inofensivo que poco a poco se ha ido abriendo paso no es casual ni inofensivo. Es el estandarte de la decadencia. Tanto más molesto, cuánto más se pretende ignorarlo. Porque a medida que pasa el tiempo, el surco va tomando forma, se ensancha, se hace cada vez más obvio y visible. Y avanza contumaz e imperturbable hasta que es evidente que algo se resquebraja a nuestro alrededor.

El siguiente paso es evidente: hay que evitar su avance, tapar el abismo con masilla, cubrir el negro vacío con polvos blancos diluidos en agua, lijar los bordes y limar las asperezas. Eso es lo que se llama restauración. Inyectar nueva savia a un objeto estropeado, mallado, tarado, erosionado o simplemente descuidado, a ver si así vuelve a recuperar sus funciones.

La última fase es sin duda la más grata. Pintar la grieta, devolverle el color y la alegría de manera que donde hubo un surco, una separación, una brecha, vuelva a haber unidad, consenso y horizonte.

De todos modos, y siendo realistas, por mucho cariño que se le inyecte a la grieta, la pared ya no volverá a ser la misma, una grieta siempre deja alguna huella, algún rastro que no pasará por alto un ojo atento y entrenado. En eso también se parecen las grietas a los corazones, un corazón roto tampoco vuelve ya a funcionar como uno nuevo. Saberse mortal y vulnerable, modifica sustancialmente su manera de asomarse al mundo. Mientras ha ido remendando el descosido por el que se desangraba ha tenido tiempo de aprender a defenderse de las intemperies, de modo que tampoco se muestra ya tan altivo ni impulsivo. Ni qué decir tiene que los cambios de tiempo y de humores le afectan mucho más. Eso es algo que tampoco se le pasa por alto a un ojo atento y entrenado. Y mucho menos si ese ojo, paciente y observador, pertenece a su vez a otro corazón remendado.

Decidirse a arreglar una grieta lleva su tiempo. De hecho suele ser mucho más difícil decidirse a arreglarla, que el mero hecho de ponerse manos a la obra. Precisamente por eso es tan fructífero ese tiempo de observación pasiva y silente. Puede que sea el que necesita la otra grieta, la del corazón, para decidirse a poner fin a la hemorragia. Aunque es imposible saber a ciencia cierta qué extraños mecanismos conectan unas grietas con otras, sospecho que entre ellas se hablan, se entienden, se retroalimentan y llegado el momento, al desaparecer una, se diluye la otra. Por eso, a veces, arreglar una grieta no es casual. Es el simbólico empeño de un corazón de volver a latir con fuerza.

jueves, 15 de enero de 2009

Sonata de Otoño

Película dirigida por Ingmar Bergman en 1978. Años más tarde escribiría sobre ella lo siguiente:

"Se esconde algo misterioso en la frase “la hija da a luz a la madre” que escribí en el proyecto original. Allí hay un sentimiento que no tuve fuerzas de llevar hasta el final. La noche de la absolución."

Ahora los directores José Carlos Plaza y Manuel Calzada dirigen una versión teatral de Sonata de Otoño, encarnada por Marisa Paredes, Nuria Gallardo, Chema Muñoz y Pilar Gil. Y se explican:

"[..] Hemos trabajado en nuestra Sonata alejándola del naturalismo y situándola en un espacio donde no hubiese límites: el espacio de la mente. Un espacio parecido a la realidad, que construye la realidad como el recuerdo recrea la realidad. Y hemos acompañado a Bergman en un paseo tortuoso pero profundamente lúcido. Tratando de ser objetivos en un terreno especialmente movedizo, delicado, cruel y confuso: el alma de las personas. Paseo que no tiene final, ni –realmente– principio. Todo seguirá aparentemente igual… y todo empieza… ¿cuándo? ¿Cuándo nace el amor que devora y se reprime, al que no damos salida, el que no es correspondido, el que se trasforma en un odio que ni siquiera podemos reconocer? ¿Cuándo empiezan las heridas? Pero indudablemente somos el producto de esas heridas; al mismo tiempo vivimos creando las que herirán a los demás. A los que más queremos, que llevarán de por vida cicatrices de nuestros afectos.

La obra es, por lo tanto, una biopsia de esas almas.

Sonata de otoño se estructura como una lucha, un encuentro físico entre dos almas separadas. En ese encuentro lo que se dice y lo que se escucha casi nunca es lo mismo. Hay diferencias infranqueables tanto en las vivencias como en los recuerdos; aun en los que fueron compartidos. La obra, al no necesitar más espacio concreto que el del recuerdo, nos permite trabajar en elipsis de tiempo, a veces de horas, a veces de minutos... Y nos da ocasión de ir de una escena a otra con enorme facilidad, sin una continuidad precisa, imaginemos una película a la que le faltase algún fotograma. Como el recuerdo mismo. La acción, en la rectoría de una pequeña ciudad de Noruega, lejos de Oslo, en pleno campo. Obviamente nuestra época."

En mi opinión se trata de una potente puesta en escena de los entresijos psicológicos y las complejidades emocionales de la relación madre-hija.

En cartel en Barcelona, en el teatro Romea, hasta el 8 de febrero de 2009.