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sábado, 20 de diciembre de 2008

Chispas

A veces me pasa que cuando intento encender alguno de los fogones de la cocina, saltan chispas. A veces saltan, y otras no. Por más que repito la misma acción casi a diario, no he logrado entender todavía qué debe ser eso que una veces las provoca, y otras las anula. El mundo de las chispas me interesa especialmente precisamente por eso, por su impredecibilidad.

Lo mismo me pasa a veces con algunas miradas. De pronto aquellos ojos tan brillantes, grandes emisores de escalofríos incandescentes, los encuentro extinguidos. Y en cambio aquellos otros, aquellos que emitían señales tan lejanas, casi imperceptibles, sin saber cómo, ni por qué, se convierten de la noche al día en hogueras de luz y color. Y si los miro muy de cerca, me dan chispazos. Aunque no siempre, a veces sí, y otras no. No hay manera de saber qué pasará hasta el mismo instante en que se encuentran con los míos. Me pregunto si el oculto mecanismo que rige el mundo de las chispas tendrá algo que ver con el de las miradas que queman.