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jueves, 27 de noviembre de 2008

Soplos de viento

He descubierto que hay un orden que precede al ritmo cronológico de las cosas. Un orden coherente y caótico al mismo tiempo, flexible y adaptable, pero también delicado, frágil. Tan frágil que un pensamiento a destiempo puede hacer que se desvanezca, y sin embargo tan estable como para seguir apareciéndose, discreto y constante, a lo largo de los años. Sospecho que es un orden que hace y deshace a su antojo y complacencia, sin demasiadas contemplaciones. Y yo, que simplemente pasaba por allí, amanecí una mañana de otoño mirando al mar mientras ese orden tan caótico y delicado, se dirigía a mí en forma de soplos de viento. Iba y venía, revoloteaba sobre mi cabeza alegre y ligero, a ratos libre y deshinibido, a ratos tímido e indeciso. De pronto tan cerca, de pronto tan lejos. Y yo, que había salido de la ciudad para huir de las prisas y las complicaciones, dejé que nos silbaran los vientos y nos pasaran de largo las horas.