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miércoles, 29 de octubre de 2008

Rebelde adoración

Creo que ya sé lo que le pasa a Antonella. Bueno, es sólo una teoría que se me ocurrió ayer por la tarde mientras hacía tiempo en la parada del autobús. Supongamos, por ejemplo, que a Antonella le fascinara alguien pero que no quisiera que ese alguien lo supiera. Al menos de momento. Entonces, contra sus propios sentimientos, debería esforzarse para fingir que ese alguien no le interesa especialmente (lo cual por supuesto es totalmente falso, pero se trata de que a ojos de todos parezca cierto). Y supongamos que cada vez fuera poniendo más esmero en esa actitud de indiferencia, la fuera refinando de tal manera que incluso el objeto de su fascinación empezara a sentirse ofendido ante su indiferencia. En ese punto, Antonella habría conseguido su primer objetivo secreto: atraer su atención. Sin embargo, en lugar de utilizarla para acercarse a él, ella misma se sorprende utilizándola para provocar su desconcierto, y descolocarlo constantemente. Antonella no sabría explicar por qué de pronto ahora lo que más le interesa del sujeto que tanto le fascina es dejarlo en evidencia, bajarlo de ese podio tan alto en el que está instalado. Pero el caso es que ha descubierto que inyectar cierto malestar en su personaje preferido le divierte inmensamente. Tal vez no tanto por hacerlo sufrir como por estar afirmando en cada uno de sus traviesos ataques que adoración y rebeldía no están reñidas.