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domingo, 19 de octubre de 2008

Suma y sigue

Hay emociones, pulsiones, golpes de sangre, que siguen emergiendo y retumbando mucho después de que se produjera el incidente que las provocó. Pueden haber estado ausentes, desaparecidas, casi olvidadas durante años, hasta que de pronto otro incidente, mucho más leve que el primero, nos hiere mínimamente pero lo suficiente como para recordarnos la gran herida que nos provocó el primero. Automáticamete se activa el mecanismo que ya existe en nuestra memoria y volvemos a sentir la misma aversión, la misma rabia, el mismo golpe de ira hacia la misma persona por seguir siendo tan ruin, tan rancia, tan exactamente como entonces.

Tengo la sensación de que lo que se perdona, se olvida, pero lo que no se ha podido olvidar a la primera, ni se perdona, ni se disculpa. Se acumula. Y en cada nuevo elemento que una acumula hay una oportunidad a medias y un chorro más de negra oscuridad. La oportunidad es el tiempo de descuento que se le da a la otra persona para que intente enmendar el daño. El chorro de oscuridad es la negra sospecha de que el rencor sigue avanzando.