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miércoles, 1 de octubre de 2008

Octubre

Lo mejor de octubre son sus cielos. Ver romperse el día en tiras de colores y sentir cómo la luz se va retirando. Es un vértigo agradable. Octubre sería un buen mes para detener el tiempo. El verano y su fuego abrasador ya han quedado atrás. Ha pasado el tiempo suficiente como para que se hayan cerrado las heridas. Quedan las cicatrices, claro, obcecadas en recordar lo que no se debe olvidar alegremente, pero en octubre ya no duelen. Desde su distancia otoñal, sólo avisan. A lo lejos también, el gélido invierno, que llegará, porque siempre llega, pero desde aquí aún se le siente ajeno. Octubre es un mes coqueto, juguetón y alegre, pero sereno. Sin duda de los más inteligentes. Ha sabido situarse sabiamente entre los dos extremos.