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lunes, 29 de septiembre de 2008

Preocúpate de tus asuntos

"Preocúpate de tus asuntos". Hacía años que no oía esa frase. Es una afirmación clara, directa y concisa. No deja lugar a dudas. Sería la versión grosera de un "no le des más vueltas, a mí ya me parece una buena solución". O la versión amable de un "déjame en paz, quién te manda meterte en mis cosas". Claro, depende de quién lo diga, del tono que emplee y de quién lo reciba y de cómo lo interprete. Y por si fuera poco, depende también del punto de relativismo vital en el que una se encuentre.

Es una frase que me transporta directamente a la infancia, al patio del colegio, donde una niña critica la nueva mochila que se ha comprado otra. Y ésta otra, harta ya de oír despropósitos sobre su nueva mochila, que si es muy chillona, que si no es tan grande, que si no te van a caber todos los libros, que si las asas no son tan cómodas, que si el dibujo no se entiende... le acaba gritando: "bueno, bueno, no te preocupes tanto por mi mochila y preocúpate más de tus asuntos". El caso es que suena a insulto, y sin embargo, ahora que la he vuelto a oír, después de tanto tiempo, aunque de otros labios y en otro contexto, me da la impresión de que bajo esa apariencia tan tosca y brusca que a menudo tienen las frases familiares se esconde un sabio consejo. Al fin y al cabo, a pesar de que yo también pensaba que aquella mochila rosa era realmente horrorosa (aunque no lo dije, lo pensé) puede que aquella niña tan hortera tuviera toda la razón del mundo. Hay que dejar que cada cual escoja su mochila y la lleve como quiera.