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martes, 23 de septiembre de 2008

Ikea ya no es lo que era

Han pasado ya meses desde aquella primera vez. Aún recuerdo, ingenua de mí, la ilusión con la que planeaba el gran día y ultimaba los preparativos. Menuda decepción. La segunda vez fue igual de mal que la primera, pero me sentó peor. Supongo que por el efecto acumulativo. Entonces decidí dejar pasar un tiempo prudencial, para tomar distancia y relativizar las cosas. Volví a la carga por tercera vez y con un claro ultimatum: o sale bien ahora ó fin de la historia. Y salió mal. Fatal. Vamos, peor imposible.

Y lo que son las cosas. Hay que ver cómo la vida se las arregla para ponerte delante aquello que ya has dado por perdido, justo cuando ya has conseguido olvidarlo. Hoy la he vuelto a ver, la he encontrado un poco más esbelta y mucho más alegre. Y sí, me ha vuelto a fascinar, me he olvidado de todo cuánto sufrí la última vez que quise que entrara en mi vida y sin apenas pensarlo, me la he llevado a casa. Contra todo pronóstico, todo ha salido a la perfección. Por fin! Por fin tengo una lámpara de pie que no revienta las bombillas, que no viene acompañada de un transformador ruidoso y que es capaz de mantenerse en pie por sí misma.

De todos modos, todavía no estoy preparada para volver a Ikea. Me dieron tres veces seguidas el mismo modelo de lámpara, y las tres veces no funcionaba. Teniendo en cuenta que una de las veces que fui a cambiarla estaba agotada, me consuela saber que no estoy sola. Me imagino que la lámpara que reventaba las bombillas se la debieron enchufar al que vino a devolver la que no se aguantaba de pie, y éste debió volver a su casa, a su vez, con otra que se aguantaba perfectamente pero que hacía un ruido espantoso. Y así sucesivamente hasta que uno monta en cólera en la cola de devoluciones, otra tira el transformador por la ventana y a otro le da un ataque al corazón cuando le explota la tercera bombilla en la cara.

De hecho, ahora mismo yo me siento la persona más feliz del mundo por tener, por fin, en el salón de mi casa una lámpara de pie útil e inofensiva. El disgusto se lo debo a Ikea, que para mí ya no es lo que era. La alegría, a la Bauhaus.