Y pensar yo que al principio me resistía, y no quería entrar en él por considerarlo aburrido, rutinario, gris. ¡Nada qué ver! La de curiosos personajes que habitan bajo esas ropas tan cortadas bajo el mismo patrón. Sin ir más lejos hoy casi se me saltan las lágrimas de emoción con Petruska. Después de varios días enviándonos mails para acabar un asunto pendiente y no conseguir encadenar ni una sola respuesta que coincidiera con ninguna de mis preguntas, ayer me decidí al fin a descolgar el teléfono varias veces con la esperanza de no encontarla ni desayunando, ni almorzando, ni en el lavabo, ni en el pasillo, ni fumando, ni tomándose ese mínimo descanso que tanto necesita para poder sobrellevar el estrés que sabe llevar tan dignamente a pesar de la ajetreada agenda de todo funcionario de rango medio. Quiso el azar que pudiera finalmente encontrar a Petruska en su mesa de trabajo, y a pesar de que no se hallaba en aquellos momentos mentalmente preparada para el asunto en cuestión, me aseguró muy resueltamente que en cuando se dieran las condiciones óptimas para nuestra conversación, ella misma (¡ella misma!) se pondría en contacto conmigo. Quién me iba a decir a mí esta mañana, cuando iba felizmente hacinada en el metro ansiosa e impaciente por iniciar una nueva y estimulante jornada laboral, que un mail de Petruska esperaba en mi bandeja de entrada. Y sin embargo, lo mejor estaba aún por llegar, oculto en el cuerpo del mensaje:
“Estimada Lena,
Ayer te llamé al número de Juani Valverde. Desafortunadamente, no te encontré.
Atentamente,
Petruska.”
¿No es fantástico que Petruska pretendiera localizarme llamando a una tal Juani Valverde, de la que yo nunca he oído hablar?
viernes 11 de enero de 2008
Mundo Oficina
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2 comentarios:
Lena,
Tu post me ha hecho recordar viejos tiempos, cuando trabajaba en las oficinas de una empresa aseguradora y mis compañeros luchaban cada día por inventar excusas creíbles para trabajar cuanto menos, mejor.
Lo más triste es que ninguno de ellos se atrevió a dar el paso y dejar atrás aquel círculo vicioso.
Yo lo hice y ahora no me habla ni mi madre.
Y pondría la mano en el fuego que muchos de mis compañeros deben estar envidiando mi suerte aunque en voz alta y delante del resto manifiesten que soy un puto vago.
Así están las cosas...
Nos leemos,
Jonás
Hola Jonás,
¡Yo no pienso retirarte la palabra por eso! Es más, desde que saliste de ese círculo vicioso me da que tenemos más cosas de las que hablar. Sin embargo, yo diría que el caso de Petruska supera al de tus ex-compañeros.. Su comportamiento merece un estudio psicológico aparte. ¡Es felizmente única!
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