Ausencia de tribulaciones.
jueves 29 de noviembre de 2007
martes 27 de noviembre de 2007
Un cachito de eternidad
No fue el volver a ponerme las botas, el ancho jersey de lana, el gorro de pana, los guantes o la mullida bufanda de lana. Fue mucho más que la cálida sensación de abrigo en un frío día de otoño. Llovía, soplaba fuerte el viento y tenía la nariz helada. Pero aún así, preferí llegar unos minutos antes y esperar en la calle. Sólo por ese momento. Por verla abrirse paso entre la gente, observar cómo me buscaba despistada, esperar a que me encontrara y notar entonces, cómo se nos dibujaba una cómplice sonrisa en el rostro y se nos iluminaban los ojos. Duró 5 segundos, tal vez menos. Apenas un cachito de eternidad. El tiempo se congeló, el mundo se detuvo y desapareció toda sensación de frío. Durante unos segundos sólo existía ella. Ella caminando hacia mí, radiante, envolviéndome delicadamente en una manta de calor que olía a pan recién hecho, en un día lluvioso.
Publicado por Liset
sábado 24 de noviembre de 2007
Malas influencias
Desde que leí lo que *Mariona le diría a Barcelona, he estado dos veces apunto de decirle cuatro cosas a Madrid.
*Post del 7 de noviembre.
Publicado por Lena
lunes 19 de noviembre de 2007
Hoy ten miedo de mí
Y tras la versión original de Fernando Delgadillo, propongo a continuación una versión libre y desordenada de la letra de Hoy ten miedo de mí. (léase, eso sí, con la magnífica melodía original)
Hoy que traes en la boca el sabor de vencido,
procura no entrar por aquella ventana que mira a la calle en mi cuarto.
porque no vaya a ser..
porque no vaya a ser que te tiemblen los puños de rabia por verme contenta.
Y hoy ten miedo de mí,
Porque no vaya a ser..
Que me encuentres dispuesta a cuidar de mi frente y mi voz
y no puedas mirarme ya nunca de frente otra vez.
Hoy que traes en la boca el sabor de vencido,
Hoy ten miedo de mí
porque no vaya a ser..
Publicado por Leo
Bulling
Supongo que deben haber muchos motivos para explicarlo. Desde la bien sabida inseguridad hasta el más recóndito complejo. Lo que sí me parece obvio es que no mana de una mente equilibrada. Claro que como no sólo cuenta la inteligencia, si me pongo comprensiva, hasta podría llegar a empatizar con ese corancito frustrado y herido de las personas que encerradas en su rabia y su hastío se dedican a lanzar afiladas piedras sobre quienes se cruzan en su triste caminar. Sin embargo, sigo pensando que si la única manera que han encontrado para sentirse bien pasa por hacer sentir mal a los demás, no me interesa ni su sensible corazoncito ni su gran saco de mierda. A mí las personas que practican el bulling ni me atraen, ni me admiran, ni me asustan, ni me inmovilizan. Por no darme, es que no me dan ni pena. Me despiertan, eso sí, una profunda y tranquila indiferencia.
Publicado por Leo
Invisibilidades II
[Continuación de Invisibilidades I]
- ¡Liset!
- ¡Hola Lena!
- ¿Qué tal estás hoy?
- Bien, bien, ya mucho mejor.
- Me alegro. El otro día te noté un poco preocupada.
- Sí, sí, lo de ser invisible me tenía frita, pero ya pasó.
- ¿Y qué era?
- Pues bueno, yo sigo sin entenderlo muy bien, pero me ha dicho la especialista que es un proceso.
- ¿Un proceso?
- Sí, sí, se ve que estas cosas pasan bastante a menudo, pero que no se comenta mucho porque una de las primeras reacciones de las personas cuando descubren la invisibilidad es que se quedan sin voz, y entonces tampoco son capaces de expresar lo que les pasa.
- Vaya... ¿Y ahora qué tal?
- Pues me ha dicho la especialista que al darle voz la situación conflictiva pierde fuerza. Y al perder fuerza el conflicto, la persona recupera su solidez fácilmente.
- Qué bien, Liset. Me alegro por ti.
- ¿Y sabes una cosa de la que me he dado cuenta?
- De qué.
- De que sólo existimos en los demás.
- pues no sé.. nunca lo había visto así...
- Bueno, te dejo que hoy me bajo en ésta. Que pases un buen día Lena.
- Hasta luego Liset.
- ¡Piénsalo, no es ninguna tontería!
Publicado por Lena
lunes 12 de noviembre de 2007
Mi fe
en la revolución es directamente proporcional
a la desconfianza que me producen los revolucionarios.
Publicado por Luz
Deseo animal
Hay qué ver la suculenta variedad de golosinas, huesitos, galletitas y bolitas multicolor que abarrotan las estanterías de las tiendas de animales. Por más que vengan envueltas en paquetitos de colores más o menos atractivos para los humanos, se me antoja una sospecha: no tienen nada de que ver con lo que ellos, criaturas de la naturaleza, escogerían.
Ahora que lo pienso, ¿Acaso un gato puede tener un capricho? Sentarse en el sofá, levantar su patita lentamente y decir para sus adentros “mm... me apetece una de esas bolitas rojas”. ¿Acaso existe en los perros la gula de forma natural? Quiero decir, ¿irá el perro de vuelta a casa pensando en su merienda a base de hueso con sabor a jamón y aroma a cerdo ibérico?. Si lo que nos diferencia de los animales es que ellos actúan básicamente por instinto ¿Cómo es posible que exista todo un mercado de exquisiteces culinarias enfocadas a colmar una necesidad tan elaborada como el capricho?
Nunca se me había ocurrido que crear necesidades donde no las hay pudiera entenderse como una señal de consideración y estima. A mí me parece por un lado cruel, porque el dueño se reserva entonces todo el derecho de colmar esa necesidad o no, y por otro, muy poco práctico, porque en cuanto el animalito en cuestión se enganche a las bolitas, habrá que seguir dándoselas. ¿Cómo se le explica después que ayer sí pero hoy no y mañana ya veremos? Y lo que es peor, una vez despierto el deseo, tal vez las bolitas ya no sean suficientes y quede entonces la criatura convertida en un ser ansioso e insatisfecho, buscando siempre ese algo más que le devuelva la paz. La misma paz en la que por cierto, ya vivía tranquilamente antes de que el marketing llegara a su vida y el deseo se la robara.
Publicado por Lena
sábado 10 de noviembre de 2007
Me gusta
El olor de los tomates frescos.
Ver cómo juegan a la petanca.
Que me paren para preguntarme dónde está la mercería.
Hacer carantoñas a los niños en los pasos de zebra.
Leer postales en el mercat de San Antoni.
Escuchar la radio mientras riego las plantas.
Entrar a casa y que huela a lavanda.
Escuchar a mi tío Pepe.
Coser en los días de lluvia.
Sentir cómo se despierta mi cuerpo por las mañanas.
Descolgar el teléfono y reconocer una voz amiga.
Merendar rosquillas de anís.
Pasear sin prisas al atardecer.
Pararme a escuchar un grupo de música en la calle.
Que me pregunten cómo estoy.
Ir sola al cine.
La gente con sentido del humor.
Mirar fotos de viajes compartidos.
Que me cuentes cómo te ha ido el día.
Mi taza de té.
Ver la ciudad al amanecer.
Ir con patucos por casa.
Haberle ganado la partida al odio.
Leer un buen capítulo antes de acostarme.
Escribir posts en Un Vacío Impertinente.
Que se acuerden del día de mi cumpleaños.
Ser capaz de pedir perdón.
Compartir mis libros favoritos.
Ver cómo arden los troncos en la chimenea.
Ayudar a mis padres.
Escuchar conversaciones ajenas.
Las confesiones y los secretos compartidos.
Dibujar margaritas en un espejo con vaho.
Sentirme ágil y fuerte.
La gente que sonríe por la calle.
El chocolate con porras.
Que estés leyendo lo que he escrito.
Publicado por Leo
jueves 8 de noviembre de 2007
Comer, beber, amar y...
Greta Garbo y Melvin Douglas en Ninotcka, de Ernst Lubitsch.
Nota: Don't worry por el inglés. En esta escena lo de menos son las palabras.
Publicado por Luz
jueves 1 de noviembre de 2007
La luz de su ausencia
Amanece el cielo en lo alto y la tierra a mis pies. Camino liviana y serena mientras despunta, perezosa, la mañana. Es un buen día. Se me antoja perfecto para mirar atrás de frente. Al tercer guiño soleado busco un recodo tranquilo donde emprender de nuevo el paseo por los bosques que antaño recorrí con mis ojos de niña. Enseguida noto que me faltan sus manos curtidas, sus ojos atentos puestos en mí. Qué extraño me resulta ahora este lugar tan familiar. De pronto se presenta un viento frío, preludio de nostalgias. ¡Oh, maldito! ¿Por qué te empeñas en levantar a tu paso toda hoja que no resiste tus embistes? Pretendo el cálido recuerdo de tiempos extinguidos y tú me devuelves, impasible y soberbio, el hielo de su ausencia. Vienes a doblarme de rodillas, a arrancarme de cuajo mil lamentos. Terrible atardecer el que me brindas.
Se retira la poca luz que me alumbra y avanza decidida la fría escarcha que amenaza con calarme los huesos. Infinita tristeza de luto sin velo. Y aún así, no pienso doblegarme. Por más gélidos que vengan tus soplos, no voy entregarla al olvido. No te consiento que me arrebates su legado. Tozuda centinela que aguarda en la noche una señal de esperanza. Ven a contarme un cuento, devuélveme en sueños sus brazos abiertos. Una estrella fugaz bastaría. Y allá en lo alto, bendita sea, surca el cielo la luz de su ausencia.
Publicado por Lena
