Páginas

miércoles, 17 de octubre de 2007

Asincronías

Lo que peor llevo de ir al revés del mundo son las asincronías. ¿Dónde están todos en mis días festivos? Atrapados en la rutina. A veces me rebelo e intento compartir con ellos un poco del aire que alborota mis ideas. Espero paciente a que salgan de sus trabajos, el tren les devuelva a la ciudad, acudan a sus citas médicas, hagan sus clases de yoga ó pasen a comprar cuatro cosas por el súper y finalmente, exprimidos y agotados, lleguen a casa. El panorama es desolador: han gastado todas sus fuerzas ahí fuera. ¿Qué clase de complicidad podría pedirles ahora? Me digo que tal vez mañana lleguen más pronto, menos cansados, menos hartos de todo. Esa es la parte triste de las asincronías. Que no siempre puedes compartirlas. Lo que no se cuenta es un poco como los besos que no das. ¿Dónde se quedan, a dónde van?