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sábado, 13 de octubre de 2007

Hongos

Arquitecturas III ó SOS

Me despierto, miro por la ventana y ahí están, me siento en el balcón a tomarme un té y ahí están, salgo a tender la ropa y ahí están, me asomo para ver si viene el camión del butano y ahí están. No importa a qué hora, o qué haga, siempre están ahí. Ni siquiera los conozco, pero su sola presencia me altera. Sólo quiero que se vayan, que no estén, que cierre los ojos y al volver a abrirlos hayan desaparecido de mi vista. Estoy segura de que si fueran menos ó si no fueran tan altos y apabullantes no me molestarían tanto. Tal vez hasta me alegraría de su presencia. ¡Pero es que esto no son maneras! Los enormes-bloques-hormigones ya están acabados y los nuevos vecinos ya han estrenado casa. Y claro, se asoman a sus ventanas, salen a sus balcones y tienden sus ropas igual que yo. Con la única diferencia de que cuando yo me mudé a este piso no había nada delante. Sólo el descampado. Y mira ahora. No han dejado ni un triste espacio libre. Ni cuatro arbustos, ni un par de árboles, ni siquiera un charco de tierra. Cemento, cemento y cemento.

Si por lo menos por la noche hubiera algo de silencio, un poco de calma. Pero no, porque ahí están los cientos de televisores rugiendo triunfantes, los ensordecedores tubos de escape de las motos, los camiones de la basura con su aroma particular y los gritos innecesarios en la calle. Ahí están una y otra vez, rompiendo a machetazos la cálida sensación de hogar que para mí tiene más que ver con un poco de tranquilidad que con anuncios de muebles de diseño. Ahhh Barcelona, la ciudad de moda. Barcelona, la ciudad moderna y cosmopolita abierta al mar. Barcelona es muy bonita, dicen los que vienen de paso. Sí, sí, ideal para mandar una postal. Yo, la que acabo de enviar la he firmado con un SOS. Posdata: Ni se os ocurra venir a verme. Peligra mi estado mental. Mejor os voy a visitar yo unos días, tal vez unas semanas. Por cierto, ¿Qué tal se vive por ahí?