Páginas

lunes, 8 de octubre de 2007

Un mundo para ti

Existe una teoría que sostiene que las personas mentalmente discapacitadas tienen más desarrollado el lado izquierdo del cerebro. Que la imperiosa necesidad de encontrar otras maneras de expresarse las vuelve más abiertas y receptivas al arte. El documental ¿Qué tienes debajo del sombrero? dirigido por Lola Barrera e Iñaki Peñafiel retrata a una serie de personas con dificultades para comunicarse normalmente con su entorno. En la escuela de arte a la que acuden creen que el motivo principal que les anima a crear es su necesidad de expresar su identidad y comunicarse. El director del centro también explica que suele pasar un tiempo desde que la persona empieza a acudir al taller hasta que se decide a crear su propia obra. Es lo que él llama la espontaneidad preparada, que consiste en la afloración natural de algo que se ha ido gestando inconscientemente durante un tiempo.

Sin embargo, la escritora Virginie Despentes, autora de la transgresora novela y después película, Fóllame, explicaba la semana pasada en la presentación de su último libro Teoría King Kong, que para ella el acto de crear nunca es natural, siempre es un esfuerzo. Un esfuerzo, que en su caso, mana de la rabia y la frustración que le provoca la situación de sumisión en la que se encuentran las mujeres por el mero hecho de serlo. Su obra es un claro grito de disconformidad con el papel que el mundo pretende asignarle como mujer y un firme alegato a la libertad de elección de todas las personas más allá de los géneros.

Por otra parte, la poeta alemana Hinte Domin, que huyó de la dictadura de Hitler a principios de los años 30, explica a sus 95 años en Ich will dich (Te deseo) que ella empezó a escribir principalmente para su marido, también escritor. 20 años después de la muerte de éste, el documental nos muestra a una Hinte autónoma e independiente, en su casa, rodeada de cientos de libros, que sigue escribiendo y que sigue poniendo rosas frescas junto a las fotos de sus seres más queridos: su marido (el hombre con quién vivió más de medio siglo), su madre (una reconocida pianista) y su padre (que nunca le mandó, más bien la dejó ser, sin restricciones ni prohibiciones). Para ella un poema es la expresión de una verdad, cuajada de metáforas y al mismo tiempo de contradicciones. La inspiración es una excitación pasajera. Y la escritura es un acto de liberación. Unos acuden al psicólogo y otros tienen la suerte de poder escribir, explica. Pero no siempre es placentero, puntualiza.

Se trata de tres casos bien distintos: personas incomunicadas que buscan una manera de expresar su identidad, una escritora cuyas novelas son su arma de denuncia, y una poeta que escribe inspirada por el amor a su marido y como acto de liberación. Y sin embargo todos desembocan en un mismo punto: en la creación de un mundo propio e intransferible en el que poder expresarse libremente. Es decir, el arte como lugar donde poder ser y estar sin comulgar con las coordenadas de ese otro mundo llamado realidad.