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miércoles, 26 de septiembre de 2007

La ofuscación ajena

Sólo es peligrosa si encuentra tu complicidad.

La actitud

Es algo muy importante. De hecho, los psicólogos insisten hasta la saciedad en que cualquier situación, por conflictiva que se presente, puede dar un giro inesperado con un acertado cambio de actitud. Pues bien, íbamos Jonás y yo pensando justamente en esa máxima ayer por la tarde, cuando una voz se levantó de pronto a nuestro paso y llena de indignación afirmó con un tono ciertamente repelente: "¡Te estoy diciendo la actitud!". Enseguida localizamos la situación conflictiva: Una chica, con el casco en la mano, y la moto parada a su lado increpaba a un hombre vestido de policía:
- Te digo que es la actitud!!! Que no es la correcta!
Y el otro: - Que me deje ver la documentación.
Y ella insistente: - ¡Y yo te estoy diciendo que no me gusta tu actitud prepotente!
Y él como si oyera llover: La documentación, por favor.
Y ella cogiendo aire, levantado más la voz y afinando hirientemente el tono: - Que no es correcta esa actitud con la que te diriges a mí. ¿Me entiendes? ¿Tú crees que eso es de recibo? Me paras y me pides, así, con esa prepotencia, la documentación. Pues no, no, no. ¡Es que a ver, no hace falta esa prepotencia!

Jonás y yo ni siquiera aminoramos el paso. Nos miramos tan sorprendidos como si acabáramos de ver pasar a un burro volando. Nos dio la risa de tal manera que no éramos capaces ni de articular lo que nos había parecido tan gracioso. A la que abríamos la boca, se nos escapaban las carcajadas a borbotones. Ahora que lo pienso, hacía tiempo que no veía a Jonás reírse tan a gusto. Desde que empezó con la conversión que me parece otro. Y es extraño, pero nunca antes me había fijado en lo atractivo que es.