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lunes, 10 de septiembre de 2007

Volviendo a las letras

Desde que he vuelto a la civilización pocas cosas me han llamado satisfactoriamente la atención. Sin embargo he descubierto un nuevo entretenimiento que ameniza bastante mis paseos y mis viajes en metro. Los mensajes de las camisetas y la expresión facial de quienes las llevan. Por ejemplo, ayer mismo, un chico con cara de aburrimiento total pero dotado sin duda de una gran dosis de ironía concluía “Ya no sé que hacer conmigo”. Al cruzar el parque, una mujer madura se sonreía con la cara bien alta mientras gritaba a los cuatro vientos “I love myself”. En la panadería un adolescente medio tímido disparaba por la espalda “Tonto quien lo lea”. La que más me ha gustado hasta el momento es la que llevaba hoy mi vecina del ático, a la que me he encontrado con el carro repleto y llena de bolsas en el portal justo cuando el técnico del ascensor anunciaba que hasta mañana no podrá venir a arreglarlo. Para mi sorpresa, la noticia no ha alterado en absoluto su rictus sereno y apacible, que más que venir de la compra parecía recién aterrizada de un viaje astral. Me ha parecido que hasta le hacía gracia el incidente, irradiando sus ojos un brillo especial, totalmente ajeno a las disculpas del técnico, y a cualquier atisbo de irritación, molestia ó remota preocupación. Arrapada y en blanco sobre negro, sentenciaba rotunda y silenciosa: “Que me quiten lo bailao”.