lunes 30 de julio de 2007

El gato y el ratón

Llevaban años jugando al escondite. Repitiendo diariamente las mismas estrategias, las mismas trampas, y los mismos resultados. Entonces el gato, aburrido y agotado, le propuso al ratón que durante una semana intercambiaran sus papeles. El ratón haría de gato y el gato de ratón. Así, al ponerse el uno en el lugar del otro el juego sería más interesante. Al ratón no le pareció nada bien eso de alterar las reglas del juego. ¡Un ratón de verdad no hace de gato! Además, ¿Qué dirían en casa cuando se enteraran? ¿Qué pensarían en la granja? Su reputación quedaría arruinada para siempre y seguro que nunca podría acceder al Premio Gruyere de mejor ratón del año. Él era un ratón de verdad, y no estaba dispuesto a poner en juego su imagen pública por una estúpida ocurrencia.

El gato, acostumbrado a los exabruptos viscerales de su compañero el ratón, y sabiendo que al cabo de unos días lo encontraría más receptivo, escogió un tranquilo atardecer para volver a plantear el tema:

- ¿Te imaginas, ratoncito, que por una semana no estuvieras obligado a comportarte como un ratón y pudieras hacer cosas que los ratones no hacen? Por ejemplo, ya no tendrías que andar todo el día escondiéndote de mí. También tendrías 7 vidas y hasta podrías subirte al sofá a hacer la siesta.

- Pero lindo gatito, ¿No ves que eso sería alterar el orden natural de las cosas?

- Tal vez no sea un orden tan natural.

- Pero lindo, ¿Qué te pasó? ¿A qué viene ahora este interés por poner patas arriba el status quo? ¿Tú te imaginas el disgusto que se llevaría mi madre si de pronto me viera por ahí con aires de gato?

- Ay ratoncito.. ¿No ves que no tiene ningún sentido seguir haciendo las cosas de la misma manera sólo porque así es como siempre las has hecho?

- ¿Acaso a ti no te importa lo que diga tu familia?

- Ratoncito, eso es miedo. Las familias, con el tiempo, tambien entienden.

- Pero vamos a ver, ¿cuántos ratones conoces tú que se hayan prestado a ir de gato?

- El de la cafetería de la calle Mayor, por ejemplo.

- ¿El de la cafetería de la calle Mayor?

- Pues sí. Y se le ve muy contento. Y el del fontanero. Y el la doctora. Y el de la tienda de informática. Y el de la pintora. Y el de..

- Bueno, ¡basta ya! Me da igual. Yo no pienso renunciar a mi identidad de ratón.

- Pero ratoncito, ¿Quién está hablando aquí de renunciar a identidad alguna? Se trata justamente de lo contrario, de conocer mejor tu propia identidad a través de las identidades con las que interactúas.

- ¿Cómo dices?

- Que no se trata de que dejes de ser ratón. Se trata de que te des cuenta de que en realidad gatos y ratones somos muy parecidos. Lo que más nos diferencia es la educación que hemos recibido y las normas que nos dictan cómo tenemos que relacionarnos.

- Mira lindo gatito, a mi nadie me dicta nada. Yo soy el único dueño y señor de mi vida.

- Sólo te propongo que vivas durante una semana como un gato.

- ¿Para qué?

- Para que compruebes si eso modifica de alguna manera tu comportamiento, tu manera de ver la vida, tus expectativas y tu manera de relacionarte con los demás.

- ¿Y qué gano yo con todo esto?

- Saber quién eres más allá de tu condición de ratón.

- Ya. ¿Y después podré volver a ser el mismo ratón de siempre?

- Bueno, digamos que después podrás ser el ratón que tú quieras ser.

- No sé, lindo. Me lo tengo que pensar. Pero dime una cosa, ¿De dónde has sacado tú todas estas ideas?

- Me las ha explicado mi primo, el que ya no vive en el pueblo.

- Ah! Sí. El otro día lo vi en la terraza de la cafetería de la calle Mayor. ¿Cómo dices que se llama?

- Queer.

- Pues vaya nombre más raro para un gato. ¿No hay una teoría que se llama así?

- ¿Eh? Sí. La Teoría Queer. Muy interesante, por cierto.

No soy lista

pero retengo.

Arquitecturas II ó Yogures Pascual

Contra el cambio climático, la sobrecarga energética y la masificación sin orden ni concierto: yogures Pascual. En la misma ráfaga publicitaria, enmascarada esta vez a modo de entrevista, la voz de la presentadora radiofónica aseguraba que si todo el mundo comprara los nuevos yogures Pascual, se podría reducir el riesgo de sobrecarga energética y evitar incidentes como el apagón de FECSA, en Barcelona. Es decir, que cuando en septiembre se instalen en los nuevos edificios los 1000 nuevos vecinos que van a venir al barrio, no hay de qué preocuparse. Basta con que todos tomemos yogures Pascual. De esa manera, por arte de magia, aparecerán nuevos ambulatorios, nuevas escuelas, nuevos mercados, nuevos parques, nuevos polideportivos, más plazas de aparcamiento, y por supuesto más agua, luz, electricidad y servicios de recogida de basura. Y todo esto, sin aumentar el consumo de energía, sin perjudicar a la capa de ozono y sin que nos sintamos como sardinas en lata. Si está clarísimo. El apagón de FECSA se debe principalmente al despilfarro energético y a la inconsciencia de los ciudadanos que no toman yogures Pascual. ¡Y yo que pensaba que los máximos responsables de que cada vez vivamos más hacinados y con los servicios básicos colapsados, (aunque hablando todos un catalán perfecto, eso sí) son el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya y las empresas que se apresuran a engrosar sus cuentas bancarias a base de nuevos ciudadanos sin invertir ni un duro en las nuevas infraestructuras necesarias! Hay que ver, oye. La de cosas que aprende una escuchando atentamente la radio.

Para bien o para mal

No hay efecto casual.

Las Zorras III

Lejos de lo que defiende la misoginia, las cualidades de las zorras no son extensibles a todo el género femenino. Pertenecen única y exclusivamente a la sub-especie zorril. Del mismo modo, las cualidades de los cerdos, lejos de ser aplicables a todo el género masculino, pertenecen única y exclusivamente a la sub-especie cerdil.

Un buen antídoto contra unos y otras es mantenerse alerta. Por más refinado y estudiado que sea su comportamiento, a un nivel esencial, emiten señales que no pueden controlar y que las delatan. Según mi teoría, de lo demás se encarga el cosmos. Si a todo cerdo le llega su San Martín, por estricta analogía, a toda zorra le llega su hora. Pero eso ya no lo dice mi teoría, lo dice la sabiduría popular.


martes 24 de julio de 2007

Sin pregunta

no hay conciencia ni respuesta.

jueves 19 de julio de 2007

Las Zorras II

Están taradas. Si la tara les viene de fábrica, si se tararon por el camino, si son ó no conscientes del mal que van sembrando y si son ó no capaces de sentir empatía o arrepentimiento son cuestiones que mi teoría no pretende evaluar. Existen complejas disciplinas dedicadas a eso: la psicología, el psicoanálisis ó la psiquiatría, por citar sólo algunas. De todos modos, tampoco les brindo la última palabra. De hecho, existen psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras mucho más tarados que las personas que acuden a sus consultas. En cualquier caso mi teoría sobre las zorras es clara al respecto: su tara no justifica ni disculpa sus actos.

Una vez identificadas, eso sí, requieren un trato especial. Es necesario conocer su juego para evitar caer en sus trampas y emponzoñarse en sus lodos. Afortunadamente, una vez se saben descubiertas, se desorientan fácilmente y empiezan a cometer errores que las delatan abiertamente. Si además acompañan los astros y algún antepasado benefactor desciende de los cielos para impartir justicia divina, el resultado es impagable: ver a una de esas miserables criaturas carroñeras caer en su propia trampa y huir con el rabo entre las piernas es una experiencia casi mística. Únicamente comparable a la de ver a un cerdo recular.

lunes 16 de julio de 2007

Hay límites

allende los cuales el bien no puede subsistir.

domingo 15 de julio de 2007

Las Zorras I

Érase una vez una zorra con la que, por cuestiones ajenas a esta fábula, no tuve más remedio que compartir bosque durante algún tiempo. Pensaba yo, en un principio, que sólo sería durante un par de estaciones, pero lo cierto es que tanto se alargó su estancia y tan retorcidas fueron sus maniobras que decidí convertirla en objeto de estudio. Presento a continuación, y en exclusiva, mi teoría, totalmente empírica, de la especie zorril.


Las zorras son animalitos más bien menudos, no destacan por su fortaleza física ni se presentan de entrada de forma imponente o apabullante. Pueden incluso pasar desapercibidas, diluyéndose entre la masa y confundiéndose con la mediocridad. Así es como consiguen el clima perfecto para observar sin ser observadas, escuchar sin tener que hablar y actuar sin ser vistas. Son sumamente astutas y calculadoras, trazan un plan y se ciñen a él disciplinadamente. Rondan a su presa incansablemente, la mayor parte de las veces sin que ésta sea consciente de sus intenciones. Siempre al acecho, aprovechan cualquier despiste para ir tejiendo a su alrededor su tela de araña. Es tal su ambición, que todo lo demás es secundario. Las zorras vienen a representar la idea de que el fin justifica los medios. No son sus medios escandalosos, obvios o violentos. Son más bien sibilinos, serpenteantes y rastreros. Igual que sus compañeros los cerdos, se manejan mejor en la oscuridad, en las sombras, en ese espacio que va desde la mentira a la manipulación, pasando por la hipocresía, la insinceridad y la envidia. Siempre ocultas tras sus máscaras, camufladas y resabiadas.

Otra de sus grandes características es su habilidad para tergiversar la realidad e intentar confundir a su entorno. Forma parte de su plan magistral para despistar la atención de sus actos fallidos. Mostrándose oportunamente débiles, pretenden que sus oponentes bajen la guardia, y es entonces cuando recopilan toda la información que más tarde utilizarán fríamente. No tienen principios básicos que las amarren, que las definan, que las estructuren, por eso los ocultan, porque son tan intercambiables como su piel de camaleón. Su único principio es alcanzar sus ambiciones. Pueden intentar mostrarse cálidas y generosas cuando les interesa, pero hay algo en ellas que resulta falso y sospechoso.

(Continuará..)

jueves 12 de julio de 2007

Precisamente III

Cuando yo hubiera querido conocerla un poco más, tal vez intentar seducirla, ella se mostró al tiempo distante y dispuesta. Si bien no me negó una segunda tarde, tampoco se apresuró en proponerme una tercera noche. Y si vinieron más tardes y más noches no me bastaron para resolver algunos interrogantes importantes. Quiso el azar que pasados los años, la otra noche nos volviéramos a cruzar. La encontré tan atractiva y ocurrente como siempre, aunque más relajada y mucho más cercana. “Como más aquí que en tu mundo”, le dije. Ella también me notó algo diferente. “Como si acabaras de salir de la lavadora”, me dijo. En la tercera copa nos sorprendieron algunos recuerdos. Llegadas a la cuarta le pregunté por qué dejamos de vernos. Y en la quinta, después de un largo silencio y varias miradas interrogantes me contestó muy seria: “Pero ¿Cómo? ¿Tú tampoco lo sabes?”. Qué risa.

viernes 6 de julio de 2007

Arquitecturas

Ya falta poco para que acaben los edificios que llevan meses construyendo en la explanada de enfrente. Donde antes había un descampado de tierra y matorrales que se llenaba de barro cuando llovía, ahora se han inventado una calle en la que se levantan a ambos lados grandes torres de pisos. En poco tiempo, esos pisos se llenarán de vidas, y esas vidas habitarán sin saberlo un descampado que antes de su llegada se llenaba de barro cuando llovía.

Hoy me he sorprendido preguntándome cómo serán mis días cuando lleguen los nuevos vecinos. Algo curioso, porque hasta ahora, nunca antes me había planteado la influencia de mis actuales vecinos. La distancia arquitectónica nos permitía cierta libertad e independencia. Sin embargo los nuevos vecinos van a habitar en mis narices. Cocinarán a 10 metros de mi cocina, se acostarán a 10 metros de mi lavabo, regarán las plantas a 8 metros de mi balcón... Cientos de personas poblarán el descampado con sus ruidos, sus conversaciones, sus músicas, sus niños, sus fiestas, sus llantos y sus alegrías. No me importaría lo más mínimo si pudiera no enterarme. Si su presencia no viniera a alterar inevitablemente mi horizonte. Por eso me gustaba tanto el descampado. Un espacio vacío, silente y anónimo que me permitía mirar al frente y en lugar de ver, imaginar.

Trampa

Inconformismo conformado.

Tejiendo la vida

Hubo un tiempo en que habitamos un mismo espacio, un mismo lugar desde el que asomarnos al mundo cada mañana. Fuimos por un tiempo, la mitad del tapiz que se teje en compañía. El hilo compartido remendaba con más fuerza, con más brío. ¡Qué de inolvidables tardes de remiendos y ganchillos!

Hoy que vengo a visitarte y a contarnos los viajes, me recibes enfadada, herida y vestida de negro. No comprendo. Dices que hace tiempo que no tejes. Que te cuesta enhebrar la aguja. Que el hastío te ha vencido. Mira, te he traído estas telas, tan alegres y ligeras. Las encontré en las otras tierras, me recordaron a ti y quise traértelas.

Precisamente II

Cuando yo hubiera querido conocerla un poco más, tal vez intentar seducirla, ella perdió los papeles y se precipitó ansiosamente. Cuando conecté el móvil un par de días después me encontré con que me había estado llamado insistentemente y cuatro mensajes suyos me imploraban que diera señales de vida. Nunca la llamé. Quiso el azar que pasados los años, la otra noche nos volviéramos a cruzar. La encontré más tranquila, más relajada, incluso más dispuesta al diálogo y hasta más guapa. De hecho, llegadas a la tercera copa me preguntó por qué de la noche a la mañana había desaparecido sin más. En la cuarta me confesó que incluso llegó a averiguar dónde trabajaba y en más de una ocasión estuvo tentada de presentarse por sorpresa para exigirme alguna explicación. Pues precisamente por eso, le dije yo a la quinta. Precisamente.