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viernes, 23 de marzo de 2007

Pastillas, no. Gracias

La sangre vuelve a fluir líquidamente por mis venas. El aire circula libremente por mis fosas nasales y se adentra de nuevo en mis pulmones. Mi pulso ha recuperado su fuerza. Mi cuerpo su calor. Mis pies su movimiento y mis manos su movilidad. Pero hay algo que no ha cambiado: sigo llorando a mares. Cada lágrima sigue siendo un pedazo de alma emocionado. Y emocionante.