lunes 29 de enero de 2007

Globalización

¿De dónde soy ó de dónde vengo?
¿A dónde voy ó a dónde me quieren llevar?

Sangre

- ¿Leo Desconforme?
- Sí, soy yo.
- Pase por aquí, por favor.
- Gracias.
- ¿Está usted en ayunas?
- Sí.
- ¿Ha traído las venas?
- Sí. Verá, quería pedirle un favor.
- Dígame.
- ¿Sería usted tan amable de tratarlas con cuidado? Es que son las únicas que tengo.

domingo 21 de enero de 2007

Hoy he soñado

que venías. Que irrumpías con fuerza sin avisar. Que la luz de la luna te iluminaba colándote por mi ventana. Que traías los ojos en llamas y por mis venas corría tu lava. Que al encontrarnos, fingías que no me buscabas. Que al recibirte, fingía que no te esperaba. Que por un instante todo encajaba como si nada. Entonces me despertaba, me quitaba el antifraz y veía a mi lado la capa que te dejaste olvidada. Y yo la miraba como si nada, como si no supiera que la dejaste a propósito. Como si tú no supieras que voy a guardarla hasta que vuelvas, como si nada.

viernes 19 de enero de 2007

Alida y Betania en alta mar

Alida zarpó convencida de que cuando se presentaran las fuertes tormentas se enfrentaría valientemente a ellas. Betania soltó amarras con grandes dudas sobre el mundo marítimo en general y sobre su propio valor en particular. Cuando efectivamente el mar se enfureció y rugieron las olas, Alida las vio tan grandes, y a ella tan pequeña, que entonó un traicionero “¡Santo Cielo, Sálvese quién pueda!” y se encerró despavorida en el camerino. Por su parte, Betania, al encontrarse de pronto sola ante el peligro, saltó al bote de emergencia e intentó remar a la deriva hasta llegar a una isla desierta. A Betania la salvó un milagro. A Alida, la Virgen de las Cobardes. Que todo acabó bien, vale. Que a lo mejor se lo merecen, bueno. Pero no es lo mismo.

martes 16 de enero de 2007

Thunder

only happens when it's raining.
The Corrs.

lunes 15 de enero de 2007

Me presento

Me llaman Liset y he sido persuadida por Leo, Lena y Luz para formar parte de este vacío impertinente. La verdad es que he aceptado casi sin pensarlo. Pensar no es una actividad a la que le dedique mucho tiempo. Eso es algo que a Lena, cuando nos conocimos, le pareció rarísimo. Creo que ahora ya se ha acostumbrado. Yo soy más de intuiciones, de dejarme llevar un poco por las cosas, no sé, por un sexto sentido. Hasta ahora me ha ido bien así. Me gusta la gente tranquila de mirada limpia. Como por ejemplo Leo, aunque reconozco que sus teorías son demasiado complicadas para mí. Hace poco me llevó a una fiesta dónde todo el mundo hablaba como ella y no entendí nada. Se lo he dicho muchas veces, que yo soy una persona sencilla. Me encanta leer, y también el cine. Me gustan las historias que hablan de gente normal, como yo, y de lo rara que se vuelve la vida a veces. Otra cosa que me gusta mucho es reír. Tengo la risa floja, siempre me ha pasado. Y cuánto más solemne es una situación, más risa me da. No sé por qué será. Pero me pasa. Me acuerdo que una vez fui con Luz al teatro a ver una obra de Samuel Beckett. Era muy seria, muy existencial. Y sin embargo a mí, ese sinsentido tan absurdo me pareció comiquísimo. Total, que me di un hartón de reír tremendo. Cuando salimos Luz me dijo que le gustaba mucho mi sentido del humor. Aún no sé si me lo dijo en serio o era broma. Eso me pasa a veces con Luz, que no la acabo de entender.

El caso de un hombre feminista

Ayer en el Marcianas Carlos me presentó a un amigo suyo. Y así, sin que yo le preguntara nada, me dijo que él también era feminista (¿también? No sabía que Carlos fuera feminista). Que se solidarizaba con todas las mujeres, porque claro, menuda injusticia eso de tener que trabajar fuera y dentro de casa y cobrar un 20% menos que sus compañeros varones. Tener que soportar la presión de demostrar que son competentes, inteligentes y eficaces. Tener que estar impecables, guardar la línea, y estar guapísimas. Y además ser comprensivas, amables, simpáticas, receptivas, y estar siempre pendientes de las necesidades de los demás. Me dijo que él ayudaba en casa, que sabía cocinar y que se planchaba sus camisas. Me pareció tan sincero, que me animé a ser franca con él y le dije que a mí lo que más me preocupaba no era la situación de las mujeres, sino la de los hombres. Porque lo de ser hombre hoy en día... menuda papeleta! Menuda revolución debe suponer para ellos asimilar que no tienen porqué ser los más fuertes, ni los mejores, ni tener el sueldo más alto. Y que tienen todo el derecho del mundo de llorar, ser tiernos, sensibles, reconocer sus debilidades, y hasta quedarse en casa cuidando de los hijos. Tampoco debe ser fácil (por la falta de tradición, digo) entender que la mujer que tienen a su lado, de pronto un día puede decidir hacer las maletas y marcharse sin más. Una realidad que está provocando cuadros de ansiedad nunca vistos. Fíjate que algunos, sin duda los más desgraciados, hasta han llegado a pensar que la solución era retenerlas a su lado por la fuerza.

Y ya que estábamos hablando de todo un poco, le aclaré que aunque en realidad fuera lo mismo, yo prefería hablar de sexismo que de machismo. Porque llamarlo machismo puede inducir a error y presentar al hombre como verdugo y a la mujer como víctima, cuando en realidad los dos son víctimas de un sistema que juzga las capacidades, las expectativas, y las decisiones de una persona según su sexo. Y en ese sentido, el sexismo nos perjudica a todos, tanto a hombres como a mujeres. Del mismo modo, el término feminismo también puede inducir a error y presentar a la mujer como única beneficiaria del fin del machismo. Por eso, para evitar más confusiones y malentendidos, yo prefiero definirme más que contraria al machismo o favorable al feminismo, partidaria del no-sexismo. Porque no me parece que se trate únicamente de que las mujeres se libren del yugo machista, ó de solidarizarse con ellas, sino de que los hombres se liberen también del mismo yugo machista que les ha endilgado de per se una fortaleza incuestionable que ha reprimido y mutilado su lado emocional.

Dicho esto y para que no me malentendiera, le aclaré que me parecía muy bien que se solidarizara con las mujeres, pero que el fin de sexismo supone una revisión de las dos identidades, la femenina y la masculina. Y que no me parecía que solidarizarse con las mujeres fuera a resolver su crisis de masculinidad. Y aquí es cuando se sorprendió: “¿Quién? ¿Yo? ¿Yo crisis? ¿Crisis de masculinidad, yo? No, no. Yo no! Si yo estoy bien. Lo único que digo es que me parece muy bien que os rebeléis. Pero, oye, que no, eh? Que no, que no. Que yo no tengo ningún problema. Vamos, que si lo tuviera te lo diría, pero es que no. No, no. No lo tengo. Yo estoy muy bien, en serio. Todo bajo control. Todo controlado.” O lo que es lo mismo: la negación de la crisis del hombre contemporáneo. En fin, que le invité a una copa por el disgusto y cambiamos de tema. “Esto... ¿Y de qué conoces a Carlos?” “De yoga. Vamos juntos a clases de yoga”.

martes 9 de enero de 2007

Mirar desde otro lado

la vida propia es como espiarme por el ojo de un cerrojo y descubrir con asombro quién soy y cómo he llegado hasta aquí. Es como volver a ver una película y advertir reveladores detalles que abren puertas que llevan a mundos ocultos, insospechados. Mundos paralelos que transcurrieron siempre a mi lado sin hacer ruido, hasta que de pronto un día me di de bruces con el paso subterráneo que me une a ellos. Desde ese preciso instante ya nada ha vuelto a ser cómo era: claro y sencillo. El laberinto por el que mis recuerdos se pasean, se entretienen, se confunden, se pierden y se interrelacionan, altera súbitamente mi presente. Me he vuelto un ser complejo, incompleto, inquieto, ávido por revisar, por descubrir otras interpretaciones. Esencialmente atenta a encontrar otra versión de lo vivido. Y de lo contado.

Guarda Silencio

Ni se te ocurra decírselo,
no puedes saberlo.
Ella todavía no lo sabe,
y es su secreto.
Ssshh…

Ecuación de Tercer Grado

Si Bea por Marta, Marta por Juan, Juan por Carlos y Carlos por Bea, entonces 1 + 1 + 1+ 1 = 4

Si Bea por Marta, Marta por Carlos, Carlos por Bea y Juan por Carlos, entonces 1 + 1 +1 + 1 = 4

Si Bea por Marta, Marta por Bea, Juan por Carlos y Carlos por Marta, entonces 2 +1 + 1 = 4

Si Juan por Carlos, Carlos por Marta, Marta por Bea y Bea por Marta, entonces 1+ 1+ 2 = 4

Si Bea por Carlos, Carlos por Juan, Juan por Carlos y Marta por Bea, entonces 1 + 2 +1 = 4

Si Bea por Marta, Carlos por Marta, Juan por Marta y Marta por Bea, entonces 3 + 1 = 4

Si Carlos por Juan, Bea por Juan, Marta por Juan y Juan por Carlos, entonces 1 + 3 = 4

Si Carlos por Bea, Marta por Juan, Juan por Marta y Bea por Carlos, entonces 2 + 2 = 4

Si Carlos por Juan, Bea por Marta, Juan por Carlos y Marta por Bea, entonces 2 + 2 = 4

Cuando ya creía que había contemplado todas las combinaciones, se me posó en el hombro una musa en chándal y me iluminó al instante: No hay que pasar por alto la posibilidad de que Carla fuera en realidad Carlos, Marta Marcos, Juan Juana y Bea Bono! Volví a revisar mis cálculos, y comprobé asombrada que las leyes matemáticas, tan concretas en sus abstracciones, siguen efectivamente una lógica elemental: el sexo de los sumandos, no altera el producto.

jueves 4 de enero de 2007

Pareja de cine I


La que forman Daniel Hendler y Julieta Díaz en Derecho de Familia, la última película de Daniel Burman. Si la comparamos con la típica pareja feliz de Hollywood entonces no, no son una pareja de cine. Él no es un hombre de éxito, ni es terriblemente atractivo, simpático, tierno o rico. Ella tampoco es una mujer explosiva, glamorosa, misteriosa, especialmente romántica ni complicada. Son dos personas corrientes, ordinarias, y al mismo tiempo únicas, como tú o como yo, con sus conflictos y sus contradicciones, que se encuentran, se enamoran y forman una familia. Una familia que no es ni una burbuja de amor ni un infierno al estilo de Los Rose. La película plantea que una cosa es estar enamorado de alguien y compartir la vida con esa persona, y otra es afrontar en solitario las crisis personales. De modo que por más que se compenetren y se equilibren el uno al otro, ambos se enfrentan por separado a sus conflictos como individuos. La relación de pareja de propone Daniel Burman no es perfecta, sino real, y además funciona. El mérito reside justamente en la forma de ser, actuar y tratarse de los dos personajes, que ni es excepcional, ni sucede en un escenario idílico. Para mí las parejas de cine son precisamente las que viven en el planeta tierra, y lo que nos cuentan en la gran pantalla no son sus grandes sueños, sino su mundo particular.

Pareja de cine II

- ¿Y si pasa algo?
- No. No va a pasar nada.
- Pero si pasa algo, ¿Dónde te ubico?
- No me ubicas. Ésa es precisamente la idea del viaje.

- ¿Qué pasa, papá? ¿Te pasa algo?
- Puede que sí. Pero ya eres mayor para darte cuenta tú solo de algunas cosas.

Pareja de cine III

Ya sabía yo que tenía que haber ido con vosotras al cine. Me la perdí por boluda. A ver si aprendo, y a la próxima me apunto.

miércoles 3 de enero de 2007

Un poco más

- Sólo te queda el último tramo.
-Estoy cansada.
-Aguanta sólo un poco más.
-Se me agotan las ganas.
-Sólo un poco más.
-Tengo dudas.
-Sólo un poco más.
-No sé si quiero llegar.
-Sólo un poco más.
-¿Cuánto es un poco más?
-Nada. Un poco más no es nada.
-Pero ¿Qué haces? ¡No puedes pararte ahora!
-Estoy cansada.
-¡Levántate!
-Necesito descansar.
- ¡Pero si sólo te queda un poco más!
- Claro, claro.. Siempre es un poco más.
- ¡Un poco más no es nada!
- Eso depende. A estas alturas, un poco más es demasiado.

La Carta

Venía sin remite. Sin firma. Sin sello. Ni siquiera era para mí. Pero estaba en mi buzón. La leí y durante meses estuvo la carta sobre mi mesa, gritándome en silencio un mensaje en clave que no sabía descifrar. ¿Quién podría haberla escrito, quién habría venido hasta mi portal, habría conseguido entrar a la portería y habría decidido dejarla precisamente en mi buzón? ¿Y por qué no podía responderle? A veces pensaba que debió haber sido una equivocación, que debía haber alguien por ahí que abriría el buzón cada mañana con el corazón en un puño esperando encontrar la carta que yo tenía. Quizá la vecina de al lado, la que baja cada mañana a comprar el pan a primera hora, ó quizá el jubilado de arriba que sale a pasear justo a la hora que viene el cartero. Y quizá la persona que la escribió llevara meses esperando una respuesta, una respuesta que yo no sabía darle y que quién debería dársela no sabía siquiera que su carta se había extraviado. También pensé que quizá debería devolverla a la calle, dejarla de nuevo en manos del azar para que se la hiciera llegar a quién correspondiera. Pero ¿Y si no fuera una equivocación? ¿Y si la carta fuera para mí? ¿Y si yo tuviera la respuesta? Recibir una carta inesperada es algo muy extraño. Yo siempre había pensado que una carta no se le escribe a cualquiera, que se le escribe a alguien en concreto para decirle algo que quizá no se le pueda decir en voz alta. Algo que quizá sólo pueda expresare entre líneas. ¿Qué sentido tiene entonces escribir una carta sin remite ni destinatario? Hasta los mensajes que los náufragos lanzan al mar en una botella dan pistas para que quién la lea los encuentre. Pero ¿escribir una carta sin remite? ¿Qué clase de carta es ésa? ¿Acaso una carta puede ir dirigida a cualquiera? ¿Acaso cualquiera podría responderla?

El caso es que yo ya no soportaba más tener sobre mi mesa una carta que me miraba pidiéndome respuestas. De modo que decidí que me inventaría una respuesta. Que escribiría una carta, sin remitente, sin firma, sin sello. Y un buen día saldría a pasear, me colaría en el primer portal que viera abierto, escogería un buzón al azar y la dejaría allí. Y tal vez, la persona que la recibiera estaría esperando sin saberlo mi respuesta. O tal vez no. Pero así habría zanjado al fin el asunto de la carta misteriosa. Ahora el dilema sería de otro. De quién hubiera recibido mi carta. Así lo hice y me sentí mucho mejor. Había olvidado lo bien que me sienta saber que no tengo ninguna carta pendiente. Lo que desde luego no sospechaba es que esta mañana, después de unas semanas de apacible tranquilidad, al abrir el buzón me encontraría otra carta. ¡La respuesta a la mía! Y otra vez igual. Sin remite, sin firma y sin sello. Pero en mi buzón.

Si vienes

buscando guerra, puedes irte. Ya has ganado.
Si vienes en son de paz, pasa, fumaremos la pipa.