Si no le he abierto la puerta al lobo
ni en primavera, ni en verano
ni en otoño, ni en invierno.
Siendo el lobo el mismo lobo,
no encuentro ningún motivo
para permitirle el paso
la última noche del año.
Y así mismo, sin rodeos, le comento
no concibo este mágico momento
compartido con tan oscuro elemento.
Claro que, si fuera cierto lo prometido
y no fuera ya el lobo el mismo lobo,
entonces, en cualquier otro momento,
puede demostrar su arrepentimiento,
que siendo tan verdadero y sincero
tanto da si es primavera o verano,
otoño o invierno.
lunes 31 de diciembre de 2007
Ya que insiste, se lo explico
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