martes 27 de noviembre de 2007

Un cachito de eternidad

No fue el volver a ponerme las botas, el ancho jersey de lana, el gorro de pana, los guantes o la mullida bufanda de lana. Fue mucho más que la cálida sensación de abrigo en un frío día de otoño. Llovía, soplaba fuerte el viento y tenía la nariz helada. Pero aún así, preferí llegar unos minutos antes y esperar en la calle. Sólo por ese momento. Por verla abrirse paso entre la gente, observar cómo me buscaba despistada, esperar a que me encontrara y notar entonces, cómo se nos dibujaba una cómplice sonrisa en el rostro y se nos iluminaban los ojos. Duró 5 segundos, tal vez menos. Apenas un cachito de eternidad. El tiempo se congeló, el mundo se detuvo y desapareció toda sensación de frío. Durante unos segundos sólo existía ella. Ella caminando hacia mí, radiante, envolviéndome delicadamente en una manta de calor que olía a pan recién hecho, en un día lluvioso.

1 comentarios:

Sònia dijo...

Mmmm... quina sensació més maca!!!
petunets!!
sonix