lunes 19 de noviembre de 2007

Bulling

Supongo que deben haber muchos motivos para explicarlo. Desde la bien sabida inseguridad hasta el más recóndito complejo. Lo que sí me parece obvio es que no mana de una mente equilibrada. Claro que como no sólo cuenta la inteligencia, si me pongo comprensiva, hasta podría llegar a empatizar con ese corancito frustrado y herido de las personas que encerradas en su rabia y su hastío se dedican a lanzar afiladas piedras sobre quienes se cruzan en su triste caminar. Sin embargo, sigo pensando que si la única manera que han encontrado para sentirse bien pasa por hacer sentir mal a los demás, no me interesa ni su sensible corazoncito ni su gran saco de mierda. A mí las personas que practican el bulling ni me atraen, ni me admiran, ni me asustan, ni me inmovilizan. Por no darme, es que no me dan ni pena. Me despiertan, eso sí, una profunda y tranquila indiferencia.