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jueves, 29 de noviembre de 2007

Paz

Ausencia de tribulaciones.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Malas influencias

Desde que leí lo que *Mariona le diría a Barcelona, he estado dos veces apunto de decirle cuatro cosas a Madrid.

*Post del 7 de noviembre.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Mi fe

en la revolución es directamente proporcional
a la desconfianza que me producen los revolucionarios.

Deseo animal

Hay qué ver la suculenta variedad de golosinas, huesitos, galletitas y bolitas multicolor que abarrotan las estanterías de las tiendas de animales. Por más que vengan envueltas en paquetitos de colores más o menos atractivos para los humanos, se me antoja una sospecha: no tienen nada de que ver con lo que ellos, criaturas de la naturaleza, escogerían.

Ahora que lo pienso, ¿Acaso un gato puede tener un capricho? Sentarse en el sofá, levantar su patita lentamente y decir para sus adentros “mm... me apetece una de esas bolitas rojas”. ¿Acaso existe en los perros la gula de forma natural? Quiero decir, ¿irá el perro de vuelta a casa pensando en su merienda a base de hueso con sabor a jamón y aroma a cerdo ibérico?. Si lo que nos diferencia de los animales es que ellos actúan básicamente por instinto ¿Cómo es posible que exista todo un mercado de exquisiteces culinarias enfocadas a colmar una necesidad tan elaborada como el capricho?

Nunca se me había ocurrido que crear necesidades donde no las hay pudiera entenderse como una señal de consideración y estima. A mí me parece por un lado cruel, porque el dueño se reserva entonces todo el derecho de colmar esa necesidad o no, y por otro, muy poco práctico, porque en cuanto el animalito en cuestión se enganche a las bolitas, habrá que seguir dándoselas. ¿Cómo se le explica después que ayer sí pero hoy no y mañana ya veremos? Y lo que es peor, una vez despierto el deseo, tal vez las bolitas ya no sean suficientes y quede entonces la criatura convertida en un ser ansioso e insatisfecho, buscando siempre ese algo más que le devuelva la paz. La misma paz en la que por cierto, ya vivía tranquilamente antes de que el marketing llegara a su vida y el deseo se la robara.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Me gusta

El olor de los tomates frescos.
Ver cómo juegan a la petanca.
Que me paren para preguntarme dónde está la mercería.
Hacer carantoñas a los niños en los pasos de zebra.
Leer postales en el mercat de San Antoni.
Escuchar la radio mientras riego las plantas.
Entrar a casa y que huela a lavanda.
Escuchar a mi tío Pepe.
Coser en los días de lluvia.
Sentir cómo se despierta mi cuerpo por las mañanas.
Descolgar el teléfono y reconocer una voz amiga.
Merendar rosquillas de anís.
Pasear sin prisas al atardecer.
Pararme a escuchar un grupo de música en la calle.
Que me pregunten cómo estoy.
Ir sola al cine.
La gente con sentido del humor.
Mirar fotos de viajes compartidos.
Que me cuentes cómo te ha ido el día.
Mi taza de té.
Ver la ciudad al amanecer.
Ir con patucos por casa.
Haberle ganado la partida al odio.
Leer un buen capítulo antes de acostarme.
Escribir posts en Un Vacío Impertinente.
Que se acuerden del día de mi cumpleaños.
Ser capaz de pedir perdón.
Compartir mis libros favoritos.
Ver cómo arden los troncos en la chimenea.
Ayudar a mis padres.
Escuchar conversaciones ajenas.
Las confesiones y los secretos compartidos.
Dibujar margaritas en un espejo con vaho.
Sentirme ágil y fuerte.
La gente que sonríe por la calle.
El chocolate con porras.
Que estés leyendo lo que he escrito.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Comer, beber, amar y...



Greta Garbo y Melvin Douglas en Ninotcka, de Ernst Lubitsch.

Nota: Don't worry por el inglés. En esta escena lo de menos son las palabras.

jueves, 1 de noviembre de 2007

La luz de su ausencia

Amanece el cielo en lo alto y la tierra a mis pies. Camino liviana y serena mientras despunta, perezosa, la mañana. Es un buen día. Se me antoja perfecto para mirar atrás de frente. Al tercer guiño soleado busco un recodo tranquilo donde emprender de nuevo el paseo por los bosques que antaño recorrí con mis ojos de niña. Enseguida noto que me faltan sus manos curtidas, sus ojos atentos puestos en mí. Qué extraño me resulta ahora este lugar tan familiar. De pronto se presenta un viento frío, preludio de nostalgias. ¡Oh, maldito! ¿Por qué te empeñas en levantar a tu paso toda hoja que no resiste tus embistes? Pretendo el cálido recuerdo de tiempos extinguidos y tú me devuelves, impasible y soberbio, el hielo de su ausencia. Vienes a doblarme de rodillas, a arrancarme de cuajo mil lamentos. Terrible atardecer el que me brindas.

Se retira la poca luz que me alumbra y avanza decidida la fría escarcha que amenaza con calarme los huesos. Infinita tristeza de luto sin velo. Y aún así, no pienso doblegarme. Por más gélidos que vengan tus soplos, no voy entregarla al olvido. No te consiento que me arrebates su legado. Tozuda centinela que aguarda en la noche una señal de esperanza. Ven a contarme un cuento, devuélveme en sueños sus brazos abiertos. Una estrella fugaz bastaría. Y allá en lo alto, bendita sea, surca el cielo la luz de su ausencia.