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lunes, 29 de enero de 2007

Sangre

- ¿Leo Desconforme?
- Sí, soy yo.
- Pase por aquí, por favor.
- Gracias.
- ¿Está usted en ayunas?
- Sí.
- ¿Ha traído las venas?
- Sí. Verá, quería pedirle un favor.
- Dígame.
- ¿Sería usted tan amable de tratarlas con cuidado? Es que son las únicas que tengo.

Globalización

¿De dónde soy ó de dónde vengo?
¿A dónde voy ó a dónde me quieren llevar?

martes, 16 de enero de 2007

Thunder

only happens when it's raining.
The Corrs.

lunes, 15 de enero de 2007

Me presento

Me llaman Liset y he sido persuadida por Leo, Lena y Luz para formar parte de este vacío impertinente. La verdad es que he aceptado casi sin pensarlo. Pensar no es una actividad a la que le dedique mucho tiempo. Eso es algo que a Lena, cuando nos conocimos, le pareció rarísimo. Creo que ahora ya se ha acostumbrado. Yo soy más de intuiciones, de dejarme llevar un poco por las cosas, no sé, por un sexto sentido. Hasta ahora me ha ido bien así. Me gusta la gente tranquila de mirada limpia. Como por ejemplo Leo, aunque reconozco que sus teorías son demasiado complicadas para mí. Hace poco me llevó a una fiesta dónde todo el mundo hablaba como ella y no entendí nada. Se lo he dicho muchas veces, que yo soy una persona sencilla. Me encanta leer, y también el cine. Me gustan las historias que hablan de gente normal, como yo, y de lo rara que se vuelve la vida a veces. Otra cosa que me gusta mucho es reír. Tengo la risa floja, siempre me ha pasado. Y cuánto más solemne es una situación, más risa me da. No sé por qué será. Pero me pasa. Me acuerdo que una vez fui con Luz al teatro a ver una obra de Samuel Beckett. Era muy seria, muy existencial. Y sin embargo a mí, ese sinsentido tan absurdo me pareció comiquísimo. Total, que me di un hartón de reír tremendo. Cuando salimos Luz me dijo que le gustaba mucho mi sentido del humor. Aún no sé si me lo dijo en serio o era broma. Eso me pasa a veces con Luz, que no la acabo de entender.

martes, 9 de enero de 2007

Mirar desde otro lado

la vida propia es como espiarme por el ojo de un cerrojo y descubrir con asombro quién soy y cómo he llegado hasta aquí. Es como volver a ver una película y advertir reveladores detalles que abren puertas que llevan a mundos ocultos, insospechados. Mundos paralelos que transcurrieron siempre a mi lado sin hacer ruido, hasta que de pronto un día me di de bruces con el paso subterráneo que me une a ellos. Desde ese preciso instante ya nada ha vuelto a ser cómo era: claro y sencillo. El laberinto por el que mis recuerdos se pasean, se entretienen, se confunden, se pierden y se interrelacionan, altera súbitamente mi presente. Me he vuelto un ser complejo, incompleto, inquieto, ávido por revisar, por descubrir otras interpretaciones. Esencialmente atenta a encontrar otra versión de lo vivido. Y de lo contado.

Guarda Silencio

Ni se te ocurra decírselo,
no puedes saberlo.
Ella todavía no lo sabe,
y es su secreto.
Ssshh…

jueves, 4 de enero de 2007

Pareja de cine I


La que forman Daniel Hendler y Julieta Díaz en Derecho de Familia, la última película de Daniel Burman. Si la comparamos con la típica pareja feliz de Hollywood entonces no, no son una pareja de cine. Él no es un hombre de éxito, ni es terriblemente atractivo, simpático, tierno o rico. Ella tampoco es una mujer explosiva, glamorosa, misteriosa, especialmente romántica ni complicada. Son dos personas corrientes, ordinarias, y al mismo tiempo únicas, como tú o como yo, con sus conflictos y sus contradicciones, que se encuentran, se enamoran y forman una familia. Una familia que no es ni una burbuja de amor ni un infierno al estilo de Los Rose. La película plantea que una cosa es estar enamorado de alguien y compartir la vida con esa persona, y otra es afrontar en solitario las crisis personales. De modo que por más que se compenetren y se equilibren el uno al otro, ambos se enfrentan por separado a sus conflictos como individuos. La relación de pareja de propone Daniel Burman no es perfecta, sino real, y además funciona. El mérito reside justamente en la forma de ser, actuar y tratarse de los dos personajes, que ni es excepcional, ni sucede en un escenario idílico. Para mí las parejas de cine son precisamente las que viven en el planeta tierra, y lo que nos cuentan en la gran pantalla no son sus grandes sueños, sino su mundo particular.

Pareja de cine II

- ¿Y si pasa algo?
- No. No va a pasar nada.
- Pero si pasa algo, ¿Dónde te ubico?
- No me ubicas. Ésa es precisamente la idea del viaje.

- ¿Qué pasa, papá? ¿Te pasa algo?
- Puede que sí. Pero ya eres mayor para darte cuenta tú solo de algunas cosas.

miércoles, 3 de enero de 2007

Un poco más

- Sólo te queda el último tramo.
-Estoy cansada.
-Aguanta sólo un poco más.
-Se me agotan las ganas.
-Sólo un poco más.
-Tengo dudas.
-Sólo un poco más.
-No sé si quiero llegar.
-Sólo un poco más.
-¿Cuánto es un poco más?
-Nada. Un poco más no es nada.
-Pero ¿Qué haces? ¡No puedes pararte ahora!
-Estoy cansada.
-¡Levántate!
-Necesito descansar.
- ¡Pero si sólo te queda un poco más!
- Claro, claro.. Siempre es un poco más.
- ¡Un poco más no es nada!
- Eso depende. A estas alturas, un poco más es demasiado.

La Carta

Venía sin remite. Sin firma. Sin sello. Ni siquiera era para mí. Pero estaba en mi buzón. La leí y durante meses estuvo la carta sobre mi mesa, gritándome en silencio un mensaje en clave que no sabía descifrar. ¿Quién podría haberla escrito, quién habría venido hasta mi portal, habría conseguido entrar a la portería y habría decidido dejarla precisamente en mi buzón? ¿Y por qué no podía responderle? A veces pensaba que debió haber sido una equivocación, que debía haber alguien por ahí que abriría el buzón cada mañana con el corazón en un puño esperando encontrar la carta que yo tenía. Quizá la vecina de al lado, la que baja cada mañana a comprar el pan a primera hora, ó quizá el jubilado de arriba que sale a pasear justo a la hora que viene el cartero. Y quizá la persona que la escribió llevara meses esperando una respuesta, una respuesta que yo no sabía darle y que quién debería dársela no sabía siquiera que su carta se había extraviado. También pensé que quizá debería devolverla a la calle, dejarla de nuevo en manos del azar para que se la hiciera llegar a quién correspondiera. Pero ¿Y si no fuera una equivocación? ¿Y si la carta fuera para mí? ¿Y si yo tuviera la respuesta? Recibir una carta inesperada es algo muy extraño. Yo siempre había pensado que una carta no se le escribe a cualquiera, que se le escribe a alguien en concreto para decirle algo que quizá no se le pueda decir en voz alta. Algo que quizá sólo pueda expresare entre líneas. ¿Qué sentido tiene entonces escribir una carta sin remite ni destinatario? Hasta los mensajes que los náufragos lanzan al mar en una botella dan pistas para que quién la lea los encuentre. Pero ¿escribir una carta sin remite? ¿Qué clase de carta es ésa? ¿Acaso una carta puede ir dirigida a cualquiera? ¿Acaso cualquiera podría responderla?

El caso es que yo ya no soportaba más tener sobre mi mesa una carta que me miraba pidiéndome respuestas. De modo que decidí que me inventaría una respuesta. Que escribiría una carta, sin remitente, sin firma, sin sello. Y un buen día saldría a pasear, me colaría en el primer portal que viera abierto, escogería un buzón al azar y la dejaría allí. Y tal vez, la persona que la recibiera estaría esperando sin saberlo mi respuesta. O tal vez no. Pero así habría zanjado al fin el asunto de la carta misteriosa. Ahora el dilema sería de otro. De quién hubiera recibido mi carta. Así lo hice y me sentí mucho mejor. Había olvidado lo bien que me sienta saber que no tengo ninguna carta pendiente. Lo que desde luego no sospechaba es que esta mañana, después de unas semanas de apacible tranquilidad, al abrir el buzón me encontraría otra carta. ¡La respuesta a la mía! Y otra vez igual. Sin remite, sin firma y sin sello. Pero en mi buzón.

Si vienes

buscando guerra, puedes irte. Ya has ganado.
Si vienes en son de paz, pasa, fumaremos la pipa.