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viernes, 28 de diciembre de 2007

Te deseamos..

Plantado en mi cabeza



Sentí el poder de tu atracción
tu imagen era mi obsesión
Desde el principio lo intuí
sin darme cuenta lo asumí.

[...]

Cuánta intensidad, qué locura
Si te arranco la envoltura..
¿Qué descubriré?

jueves, 20 de diciembre de 2007

Pretender

plantar una semilla fuera de tiempo
torpe, necio e infructuoso atrevimiento.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Televisión (franja máxima audiencia)

Celofán de colores, estridencia marciana.
Sinsentido continuo en dimensión plana.





lunes, 3 de diciembre de 2007

Aire

Quizá al principio fueron sólo pequeños descuidos, labios lívidos y escalofríos de vez en cuando. No estoy segura, no soy capaz de identificar claramente el principio. Tan sólo los sobresaltos repentinos cuando ya no me llegaba el aire a los pulmones. Pero sí, tal vez fue así, absorta y descuidada, cómo el olvido se fue apoderando de mi cuerpo silenciosamente. Es tan maravilloso volver a respirar por la nariz, sentir cómo el aire entra y sale libremente de mi cuerpo, que no me explico cómo pude llegar a estar tan grave sin advertir ni un solo síntoma, sin sospechar siquiera mi malestar. Sólo sé que llegó el día en que ni siquiera recordaba cómo era antes, cómo era todo antes de olvidarme del aire que respiro.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Paz

Ausencia de tribulaciones.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Malas influencias

Desde que leí lo que *Mariona le diría a Barcelona, he estado dos veces apunto de decirle cuatro cosas a Madrid.

*Post del 7 de noviembre.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Mi fe

en la revolución es directamente proporcional
a la desconfianza que me producen los revolucionarios.

Deseo animal

Hay qué ver la suculenta variedad de golosinas, huesitos, galletitas y bolitas multicolor que abarrotan las estanterías de las tiendas de animales. Por más que vengan envueltas en paquetitos de colores más o menos atractivos para los humanos, se me antoja una sospecha: no tienen nada de que ver con lo que ellos, criaturas de la naturaleza, escogerían.

Ahora que lo pienso, ¿Acaso un gato puede tener un capricho? Sentarse en el sofá, levantar su patita lentamente y decir para sus adentros “mm... me apetece una de esas bolitas rojas”. ¿Acaso existe en los perros la gula de forma natural? Quiero decir, ¿irá el perro de vuelta a casa pensando en su merienda a base de hueso con sabor a jamón y aroma a cerdo ibérico?. Si lo que nos diferencia de los animales es que ellos actúan básicamente por instinto ¿Cómo es posible que exista todo un mercado de exquisiteces culinarias enfocadas a colmar una necesidad tan elaborada como el capricho?

Nunca se me había ocurrido que crear necesidades donde no las hay pudiera entenderse como una señal de consideración y estima. A mí me parece por un lado cruel, porque el dueño se reserva entonces todo el derecho de colmar esa necesidad o no, y por otro, muy poco práctico, porque en cuanto el animalito en cuestión se enganche a las bolitas, habrá que seguir dándoselas. ¿Cómo se le explica después que ayer sí pero hoy no y mañana ya veremos? Y lo que es peor, una vez despierto el deseo, tal vez las bolitas ya no sean suficientes y quede entonces la criatura convertida en un ser ansioso e insatisfecho, buscando siempre ese algo más que le devuelva la paz. La misma paz en la que por cierto, ya vivía tranquilamente antes de que el marketing llegara a su vida y el deseo se la robara.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Me gusta

El olor de los tomates frescos.
Ver cómo juegan a la petanca.
Que me paren para preguntarme dónde está la mercería.
Hacer carantoñas a los niños en los pasos de zebra.
Leer postales en el mercat de San Antoni.
Escuchar la radio mientras riego las plantas.
Entrar a casa y que huela a lavanda.
Escuchar a mi tío Pepe.
Coser en los días de lluvia.
Sentir cómo se despierta mi cuerpo por las mañanas.
Descolgar el teléfono y reconocer una voz amiga.
Merendar rosquillas de anís.
Pasear sin prisas al atardecer.
Pararme a escuchar un grupo de música en la calle.
Que me pregunten cómo estoy.
Ir sola al cine.
La gente con sentido del humor.
Mirar fotos de viajes compartidos.
Que me cuentes cómo te ha ido el día.
Mi taza de té.
Ver la ciudad al amanecer.
Ir con patucos por casa.
Haberle ganado la partida al odio.
Leer un buen capítulo antes de acostarme.
Escribir posts en Un Vacío Impertinente.
Que se acuerden del día de mi cumpleaños.
Ser capaz de pedir perdón.
Compartir mis libros favoritos.
Ver cómo arden los troncos en la chimenea.
Ayudar a mis padres.
Escuchar conversaciones ajenas.
Las confesiones y los secretos compartidos.
Dibujar margaritas en un espejo con vaho.
Sentirme ágil y fuerte.
La gente que sonríe por la calle.
El chocolate con porras.
Que estés leyendo lo que he escrito.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Comer, beber, amar y...



Greta Garbo y Melvin Douglas en Ninotcka, de Ernst Lubitsch.

Nota: Don't worry por el inglés. En esta escena lo de menos son las palabras.

jueves, 1 de noviembre de 2007

La luz de su ausencia

Amanece el cielo en lo alto y la tierra a mis pies. Camino liviana y serena mientras despunta, perezosa, la mañana. Es un buen día. Se me antoja perfecto para mirar atrás de frente. Al tercer guiño soleado busco un recodo tranquilo donde emprender de nuevo el paseo por los bosques que antaño recorrí con mis ojos de niña. Enseguida noto que me faltan sus manos curtidas, sus ojos atentos puestos en mí. Qué extraño me resulta ahora este lugar tan familiar. De pronto se presenta un viento frío, preludio de nostalgias. ¡Oh, maldito! ¿Por qué te empeñas en levantar a tu paso toda hoja que no resiste tus embistes? Pretendo el cálido recuerdo de tiempos extinguidos y tú me devuelves, impasible y soberbio, el hielo de su ausencia. Vienes a doblarme de rodillas, a arrancarme de cuajo mil lamentos. Terrible atardecer el que me brindas.

Se retira la poca luz que me alumbra y avanza decidida la fría escarcha que amenaza con calarme los huesos. Infinita tristeza de luto sin velo. Y aún así, no pienso doblegarme. Por más gélidos que vengan tus soplos, no voy entregarla al olvido. No te consiento que me arrebates su legado. Tozuda centinela que aguarda en la noche una señal de esperanza. Ven a contarme un cuento, devuélveme en sueños sus brazos abiertos. Una estrella fugaz bastaría. Y allá en lo alto, bendita sea, surca el cielo la luz de su ausencia.

miércoles, 24 de octubre de 2007

No hay misterio

Si me agitas, me fermento.
Le dijo la cerveza al camarero.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Asincronías

Lo que peor llevo de ir al revés del mundo son las asincronías. ¿Dónde están todos en mis días festivos? Atrapados en la rutina. A veces me rebelo e intento compartir con ellos un poco del aire que alborota mis ideas. Espero paciente a que salgan de sus trabajos, el tren les devuelva a la ciudad, acudan a sus citas médicas, hagan sus clases de yoga ó pasen a comprar cuatro cosas por el súper y finalmente, exprimidos y agotados, lleguen a casa. El panorama es desolador: han gastado todas sus fuerzas ahí fuera. ¿Qué clase de complicidad podría pedirles ahora? Me digo que tal vez mañana lleguen más pronto, menos cansados, menos hartos de todo. Esa es la parte triste de las asincronías. Que no siempre puedes compartirlas. Lo que no se cuenta es un poco como los besos que no das. ¿Dónde se quedan, a dónde van?

sábado, 13 de octubre de 2007

Hongos

Arquitecturas III ó SOS

Me despierto, miro por la ventana y ahí están, me siento en el balcón a tomarme un té y ahí están, salgo a tender la ropa y ahí están, me asomo para ver si viene el camión del butano y ahí están. No importa a qué hora, o qué haga, siempre están ahí. Ni siquiera los conozco, pero su sola presencia me altera. Sólo quiero que se vayan, que no estén, que cierre los ojos y al volver a abrirlos hayan desaparecido de mi vista. Estoy segura de que si fueran menos ó si no fueran tan altos y apabullantes no me molestarían tanto. Tal vez hasta me alegraría de su presencia. ¡Pero es que esto no son maneras! Los enormes-bloques-hormigones ya están acabados y los nuevos vecinos ya han estrenado casa. Y claro, se asoman a sus ventanas, salen a sus balcones y tienden sus ropas igual que yo. Con la única diferencia de que cuando yo me mudé a este piso no había nada delante. Sólo el descampado. Y mira ahora. No han dejado ni un triste espacio libre. Ni cuatro arbustos, ni un par de árboles, ni siquiera un charco de tierra. Cemento, cemento y cemento.

Si por lo menos por la noche hubiera algo de silencio, un poco de calma. Pero no, porque ahí están los cientos de televisores rugiendo triunfantes, los ensordecedores tubos de escape de las motos, los camiones de la basura con su aroma particular y los gritos innecesarios en la calle. Ahí están una y otra vez, rompiendo a machetazos la cálida sensación de hogar que para mí tiene más que ver con un poco de tranquilidad que con anuncios de muebles de diseño. Ahhh Barcelona, la ciudad de moda. Barcelona, la ciudad moderna y cosmopolita abierta al mar. Barcelona es muy bonita, dicen los que vienen de paso. Sí, sí, ideal para mandar una postal. Yo, la que acabo de enviar la he firmado con un SOS. Posdata: Ni se os ocurra venir a verme. Peligra mi estado mental. Mejor os voy a visitar yo unos días, tal vez unas semanas. Por cierto, ¿Qué tal se vive por ahí?

lunes, 8 de octubre de 2007

Un mundo para ti

Existe una teoría que sostiene que las personas mentalmente discapacitadas tienen más desarrollado el lado izquierdo del cerebro. Que la imperiosa necesidad de encontrar otras maneras de expresarse las vuelve más abiertas y receptivas al arte. El documental ¿Qué tienes debajo del sombrero? dirigido por Lola Barrera e Iñaki Peñafiel retrata a una serie de personas con dificultades para comunicarse normalmente con su entorno. En la escuela de arte a la que acuden creen que el motivo principal que les anima a crear es su necesidad de expresar su identidad y comunicarse. El director del centro también explica que suele pasar un tiempo desde que la persona empieza a acudir al taller hasta que se decide a crear su propia obra. Es lo que él llama la espontaneidad preparada, que consiste en la afloración natural de algo que se ha ido gestando inconscientemente durante un tiempo.

Sin embargo, la escritora Virginie Despentes, autora de la transgresora novela y después película, Fóllame, explicaba la semana pasada en la presentación de su último libro Teoría King Kong, que para ella el acto de crear nunca es natural, siempre es un esfuerzo. Un esfuerzo, que en su caso, mana de la rabia y la frustración que le provoca la situación de sumisión en la que se encuentran las mujeres por el mero hecho de serlo. Su obra es un claro grito de disconformidad con el papel que el mundo pretende asignarle como mujer y un firme alegato a la libertad de elección de todas las personas más allá de los géneros.

Por otra parte, la poeta alemana Hinte Domin, que huyó de la dictadura de Hitler a principios de los años 30, explica a sus 95 años en Ich will dich (Te deseo) que ella empezó a escribir principalmente para su marido, también escritor. 20 años después de la muerte de éste, el documental nos muestra a una Hinte autónoma e independiente, en su casa, rodeada de cientos de libros, que sigue escribiendo y que sigue poniendo rosas frescas junto a las fotos de sus seres más queridos: su marido (el hombre con quién vivió más de medio siglo), su madre (una reconocida pianista) y su padre (que nunca le mandó, más bien la dejó ser, sin restricciones ni prohibiciones). Para ella un poema es la expresión de una verdad, cuajada de metáforas y al mismo tiempo de contradicciones. La inspiración es una excitación pasajera. Y la escritura es un acto de liberación. Unos acuden al psicólogo y otros tienen la suerte de poder escribir, explica. Pero no siempre es placentero, puntualiza.

Se trata de tres casos bien distintos: personas incomunicadas que buscan una manera de expresar su identidad, una escritora cuyas novelas son su arma de denuncia, y una poeta que escribe inspirada por el amor a su marido y como acto de liberación. Y sin embargo todos desembocan en un mismo punto: en la creación de un mundo propio e intransferible en el que poder expresarse libremente. Es decir, el arte como lugar donde poder ser y estar sin comulgar con las coordenadas de ese otro mundo llamado realidad.

jueves, 4 de octubre de 2007

Terapias, vergüenzas y hechos

¿Sabes cuándo te pasa algo que te da tanta, tanta vergüenza que piensas que nunca nada podrá superarlo? ¿Como cuando se te engancha un chicle en el culo justo el día en que te toca salir a la pizarra a resolver ecuaciones y derivadas? ¿O como
cuando te empotras contra una farola en la calle en una primera cita? Son cosas que si te pasan de adolescente cobran una importancia desmesurada y hasta dramática, pero efímera. La adolescencia no es más que un continuo desatino, de manera que siempre hay algo peor dispuesto a ocupar el número uno en el ránking de desgracias y tormentos. Basta con que al día siguiente tu padre descubra por casualidad en tu mesita de noche el super-vibrador para que lo de la farola te parezca una trivialidad.

Menos mal que a estas alturas y después de numerosas oportunidades para entrenarme, he conseguido superar mis vergüenzas. Aunque para ser sincera, y por si pudiera servirle a alguien en mi misma situación, confieso que hice una terapia de olvido selectivo de episodios traumáticos. Desde entonces yo soy la única que no me acuerdo de mis peores momentos. Por más que me lo recuerden en todas las reuniones familiares, ni me afecta. Es más, en cuanto me pasa algo vergonzoso, lo olvido al momento. Es como si hubiera sido borrado de mi mente. Como si no hubiera pasado, que es en realidad de lo que se trata. De fingir normalidad donde por-las-razones-que-sea, no la ha habido.

Justamente la semana pasada me encontré con Isra, uno de mis compañeros de terapia. Hacía años que no lo veía pero la verdad es que se conserva tan triste y gris como siempre. Eso me hizo pensar en los posibles efectos secundarios del tratamiento, de los que por cierto nadie me advirtió. Para empezar, yo soy la única que es incapaz de reírse de mis desgracias, y al parecer es una pena, porque hay que ver qué bien se lo pasan mis hermanas y todo aquél que tiene la suerte de asistir a alguna sobremesa familiar en la que se deleitan poniéndole al día de mis presuntas anécdotas. Y no sólo eso, si me las cuentan como si le hubieran pasado a otra persona, en cuanto empatizo con la vergüenza de la víctima imaginaria se me activa el mecanismo anti-trauma y toda la diversión se transforma en un compasiva solidaridad que me impide hasta la más discreta sonrisa. Ellas, las pobres, aún no han superado sus vergüenzas, y cada día vienen cargadas de desgracias, propias y ajenas, con las que desternillarse y agudizar su macabro ingenio. Hasta les falta el aire y se les saltan las lágrimas imaginándose escenarios aún más patéticos. Habitan en el estadio primario no-cognoscitivo (así lo llamábamos en terapia), de modo que no es de extrañar que cuánto más asombrada las miro, más fuertes repuntan sus ataques de divertimento. Aún así, en esta sombría tarde un hecho se me revela indiscutible: mientras ellas son la alegría de la huerta, yo, gracias a la terapia ésa de mierda, hace años que no me río a gusto.

martes, 2 de octubre de 2007

Únicas

A los 40 años se bajó del tren con su marido, la vio por primera vez y la reconoció al instante. Desde entonces ya no se separaron. Al parecer habían tenido vidas cronológicamente muy parecidas. No sólo habían nacido el mismo día, sino que se habían casado el mismo año, ambas habían tenido un aborto con meses de diferencia y ambas tenían dos hijos de las mismas edades. Y no sólo eso, también tenían opiniones muy parecidas, la misma manera de reaccionar ante muchas situaciones y el mismo extraño sentido del humor. Ninguna de las dos sabía de la existencia de la otra, de modo que el encuentro, el hallazgo, la revelación fue tan maravillosa como inesperada. ¿No es fantástico?

Es decir, que un buen día, te bajas del tren y allí mismo, en el andén, te das de bruces con tu hermana gemela, que no sabías ni que existía, y a la que le han pasado las mismas cosas que a ti, exactamente en el mismo orden, que las ha vivido y sentido como tú, y con la que podrías compartir las bromas más surrealistas que se te ocurrieran, porque a ella se le estarían ocurriendo al mismo tiempo.

Desde que descubrí el caso de las laughty twins, no puedo dejar de fantasear con la idea de que mi hermana gemela, que no sabe que existo, se decida a venir de visita a la ciudad, y por fin nos encontremos. Entonces, nos quedaríamos mirando con el ceño fruncido, preguntándonos ¿qué hace esa tipa tan parecida a mí mirándome con esa cara de susto? Y entonces las dos haríamos ver como que no nos hemos visto pero seguiríamos observándonos con el rabillo del ojo y comprobando asombradas que las dos llevamos tres pendientes en la oreja izquierda y ninguno en la derecha. Que llevamos un reloj de cuerda en el bolsillo y la hebilla del cinturón en un costado. Hasta levantaríamos las cejas al mismo tiempo en señal de extrañamiento, miraríamos a nuestro alrededor en busca de una cámara oculta y nos sonreiríamos desconcertadas. Finalmente, molestas y mortificadas por esa desconocida tan familiar que no sólo comparte nuestros símbolos de identidad, sino que además calca todos nuestros gestos de forma tan natural, nos dirigiríamos la una a la otra y al unísono nos espetaríamos un crispado: “¡Para de imitarme!”.

Hasta puedo ver su cara desencajada cuando se convenciera de que efectivamente soy su hermana gemela, y pensamos, sentimos y vemos la vida exactamente igual. Seguro que se enfadaría, claro, la muy ingenua aún se cree única.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

La ofuscación ajena

Sólo es peligrosa si encuentra tu complicidad.

La actitud

Es algo muy importante. De hecho, los psicólogos insisten hasta la saciedad en que cualquier situación, por conflictiva que se presente, puede dar un giro inesperado con un acertado cambio de actitud. Pues bien, íbamos Jonás y yo pensando justamente en esa máxima ayer por la tarde, cuando una voz se levantó de pronto a nuestro paso y llena de indignación afirmó con un tono ciertamente repelente: "¡Te estoy diciendo la actitud!". Enseguida localizamos la situación conflictiva: Una chica, con el casco en la mano, y la moto parada a su lado increpaba a un hombre vestido de policía:
- Te digo que es la actitud!!! Que no es la correcta!
Y el otro: - Que me deje ver la documentación.
Y ella insistente: - ¡Y yo te estoy diciendo que no me gusta tu actitud prepotente!
Y él como si oyera llover: La documentación, por favor.
Y ella cogiendo aire, levantado más la voz y afinando hirientemente el tono: - Que no es correcta esa actitud con la que te diriges a mí. ¿Me entiendes? ¿Tú crees que eso es de recibo? Me paras y me pides, así, con esa prepotencia, la documentación. Pues no, no, no. ¡Es que a ver, no hace falta esa prepotencia!

Jonás y yo ni siquiera aminoramos el paso. Nos miramos tan sorprendidos como si acabáramos de ver pasar a un burro volando. Nos dio la risa de tal manera que no éramos capaces ni de articular lo que nos había parecido tan gracioso. A la que abríamos la boca, se nos escapaban las carcajadas a borbotones. Ahora que lo pienso, hacía tiempo que no veía a Jonás reírse tan a gusto. Desde que empezó con la conversión que me parece otro. Y es extraño, pero nunca antes me había fijado en lo atractivo que es.

martes, 18 de septiembre de 2007

De gracias ajenas

Hay películas que son atemporales, que por más años que pasen, puede una volver a verlas y pensar que las acaban de rodar. Pon por ejemplo, El Apartamento, de Billy Wilder. Esa película se rodó hace más 30 años y sin embargo Jack Lemmon bien podría ser mi vecino del octavo tercera. Un hombre de unos cuarenta años, comiquísimo, y totalmente desquiciado porque le han despedido, porque no encuentra trabajo, porque cada dos por tres se estropea el ascensor y tiene que subir los ochos pisos por las escaleras, porque escuchar las noticias o leer el periódico le provoca ataques de ira, y porque no soporta seguir viviendo en la ciudad. Bueno, bueno. Es que no tiene desperdicio. A mí me parece divertidísima. Cada vez que la veo es que me parto. Los diálogos son tan actuales que a veces no sé si es Jack o mi vecino el que anda porfiando por los pasillos. Otra de mis favoritas es La guerra de los Rose, dirigida hace más de 15 años por Danny DeVito y con la actuación estelar de Michael Douglas y Kathleen Turner. Ésta es la que llevan ya un par de temporadas rodando en el segundo cuarta. Se trata de un matrimonio en el que ninguno de los dos se soporta y se dedican en cuerpo y alma a hacerle la vida imposible al otro para que se vaya de casa. Esa sí que es de rabiosa actualidad. Y cuando crees que las cosas ya no podrían ir peor.. zas! te vuelven a sorprender con su admirable capacidad para rodar insólitas escenas. Cada vez más arriesgadas, más al límite. Más que divertida, que también, es una película trepidante, sorprendente, tiene ritmo, agilidad y derrocha frescura por los cuatro costados. Una película genial. Sublime. Y bueno, luego hay otra que a mi vecina de enfrente, la que vive en los pisos nuevos, le encanta, pero sinceramente yo no le acabo de encontrar el punto cómico. Es la de Esta casa es una ruina, rodada hace un par de décadas e interpretada por Tom Hanks y Shelley Long. Consiste básicamente en ver cómo a un par de desgraciados se les va cayendo la casa a trozos mientras ellos intentan arreglarla. Cuánto más se esfuerzan ellos en levantarla, más se les derrumba y más se van hundiendo en la miseria. Sólo de imaginarme al pobre Tom colgando del techo atrapado por la alfombra asesina se me saltan las lágrimas. Me parece totalmente despiadada y de una falta de sensibilidad total. Reírse de las desgracias ajenas no tiene nada de original, ni de ocurrente, ni de imaginativo. Desde luego a mí no me parece nada divertido tener goteras, las tuberías atascadas y una bañera que parece un colador. No le veo ninguna gracia.

martes, 11 de septiembre de 2007

Existe

un pueblecito en el norte de España, donde sigue en pie un café abierto en 1930. La barra de madera, las mesas de mármol, las baldosas de adoquines, y las paredes cubiertas de retratos en blanco y negro de seres queridos que se fueron yendo. Me pasaron las horas volando mirando por la ventana, oyendo de fondo la radio, el murmullo de una partida de cartas y la alegría contagiosa de un grupo de mujeres ultimando las fiestas del pueblo. Me pareció un lugar sagrado que había sabido mantenerse digna y sabiamente al margen del feroz progreso contemporáneo.

He viajado

si al regresar, el punto de partida se me antoja distinto.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Volviendo a las letras

Desde que he vuelto a la civilización pocas cosas me han llamado satisfactoriamente la atención. Sin embargo he descubierto un nuevo entretenimiento que ameniza bastante mis paseos y mis viajes en metro. Los mensajes de las camisetas y la expresión facial de quienes las llevan. Por ejemplo, ayer mismo, un chico con cara de aburrimiento total pero dotado sin duda de una gran dosis de ironía concluía “Ya no sé que hacer conmigo”. Al cruzar el parque, una mujer madura se sonreía con la cara bien alta mientras gritaba a los cuatro vientos “I love myself”. En la panadería un adolescente medio tímido disparaba por la espalda “Tonto quien lo lea”. La que más me ha gustado hasta el momento es la que llevaba hoy mi vecina del ático, a la que me he encontrado con el carro repleto y llena de bolsas en el portal justo cuando el técnico del ascensor anunciaba que hasta mañana no podrá venir a arreglarlo. Para mi sorpresa, la noticia no ha alterado en absoluto su rictus sereno y apacible, que más que venir de la compra parecía recién aterrizada de un viaje astral. Me ha parecido que hasta le hacía gracia el incidente, irradiando sus ojos un brillo especial, totalmente ajeno a las disculpas del técnico, y a cualquier atisbo de irritación, molestia ó remota preocupación. Arrapada y en blanco sobre negro, sentenciaba rotunda y silenciosa: “Que me quiten lo bailao”.

domingo, 5 de agosto de 2007

Todo puede ser

Cuando todo ha sido y nada es.

lunes, 30 de julio de 2007

No soy lista

pero retengo.

Arquitecturas II ó Yogures Pascual

Contra el cambio climático, la sobrecarga energética y la masificación sin orden ni concierto: yogures Pascual. En la misma ráfaga publicitaria, enmascarada esta vez a modo de entrevista, la voz de la presentadora radiofónica aseguraba que si todo el mundo comprara los nuevos yogures Pascual, se podría reducir el riesgo de sobrecarga energética y evitar incidentes como el apagón de FECSA, en Barcelona. Es decir, que cuando en septiembre se instalen en los nuevos edificios los 1000 nuevos vecinos que van a venir al barrio, no hay de qué preocuparse. Basta con que todos tomemos yogures Pascual. De esa manera, por arte de magia, aparecerán nuevos ambulatorios, nuevas escuelas, nuevos mercados, nuevos parques, nuevos polideportivos, más plazas de aparcamiento, y por supuesto más agua, luz, electricidad y servicios de recogida de basura. Y todo esto, sin aumentar el consumo de energía, sin perjudicar a la capa de ozono y sin que nos sintamos como sardinas en lata. Si está clarísimo. El apagón de FECSA se debe principalmente al despilfarro energético y a la inconsciencia de los ciudadanos que no toman yogures Pascual. ¡Y yo que pensaba que los máximos responsables de que cada vez vivamos más hacinados y con los servicios básicos colapsados, (aunque hablando todos un catalán perfecto, eso sí) son el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya y las empresas que se apresuran a engrosar sus cuentas bancarias a base de nuevos ciudadanos sin invertir ni un duro en las nuevas infraestructuras necesarias! Hay que ver, oye. La de cosas que aprende una escuchando atentamente la radio.

Para bien o para mal

No hay efecto casual.

martes, 24 de julio de 2007

Sin pregunta

no hay conciencia ni respuesta.

lunes, 16 de julio de 2007

Hay límites

allende los cuales el bien no puede subsistir.

viernes, 6 de julio de 2007

Arquitecturas

Ya falta poco para que acaben los edificios que llevan meses construyendo en la explanada de enfrente. Donde antes había un descampado de tierra y matorrales que se llenaba de barro cuando llovía, ahora se han inventado una calle en la que se levantan a ambos lados grandes torres de pisos. En poco tiempo, esos pisos se llenarán de vidas, y esas vidas habitarán sin saberlo un descampado que antes de su llegada se llenaba de barro cuando llovía.

Hoy me he sorprendido preguntándome cómo serán mis días cuando lleguen los nuevos vecinos. Algo curioso, porque hasta ahora, nunca antes me había planteado la influencia de mis actuales vecinos. La distancia arquitectónica nos permitía cierta libertad e independencia. Sin embargo los nuevos vecinos van a habitar en mis narices. Cocinarán a 10 metros de mi cocina, se acostarán a 10 metros de mi lavabo, regarán las plantas a 8 metros de mi balcón... Cientos de personas poblarán el descampado con sus ruidos, sus conversaciones, sus músicas, sus niños, sus fiestas, sus llantos y sus alegrías. No me importaría lo más mínimo si pudiera no enterarme. Si su presencia no viniera a alterar inevitablemente mi horizonte. Por eso me gustaba tanto el descampado. Un espacio vacío, silente y anónimo que me permitía mirar al frente y en lugar de ver, imaginar.

Trampa

Inconformismo conformado.

Tejiendo la vida

Hubo un tiempo en que habitamos un mismo espacio, un mismo lugar desde el que asomarnos al mundo cada mañana. Fuimos por un tiempo, la mitad del tapiz que se teje en compañía. El hilo compartido remendaba con más fuerza, con más brío. ¡Qué de inolvidables tardes de remiendos y ganchillos!

Hoy que vengo a visitarte y a contarnos los viajes, me recibes enfadada, herida y vestida de negro. No comprendo. Dices que hace tiempo que no tejes. Que te cuesta enhebrar la aguja. Que el hastío te ha vencido. Mira, te he traído estas telas, tan alegres y ligeras. Las encontré en las otras tierras, me recordaron a ti y quise traértelas.

viernes, 29 de junio de 2007

Yo soy la Juani


Escrita por Carmen Chaves Gastaldo y Bigas Luna y dirigida por éste último, la película se centra en la vida de una joven de familia humilde, inteligente, valiente y decidida, dispuesta a perseguir su sueño de ser actriz. Una historia de ficción que como Historias del Kronen en su día, transciende lo particular y apunta las claves de una nueva generación. Éstas son algunas de las escenas, que a mi entender, hablan solas:

- Los ratos que pasa a solas escribiendo sus sueños en un diario.
- La reacción que tiene con Jonah cuando él no puede controlar sus celos.
- La relación de cercanía y apoyo que tiene con su padre.
- La decisión de irse a Madrid a pesar de que Jonah intenta disuadirla.
- La seguridad con que reacciona ante la infidelidad de Jonah.
- La decisión de hacerse un tatuaje con su propio nombre.
- La generosidad de su madre cuando le ayuda a volver a hacer las maletas y le anima a no cometer sus mismos errores.

A pesar de haber superado algunas de las trabas machistas y familiares con las que se encontraron las jóvenes españolas de hace 20 años, me parece muy acertado el hecho de que Juani pretenda ser actriz sin tener conocimiento alguno de interpretación. Su idea de éxito es simple y llanamente ser rica y famosa y está convencida de que basta con ser joven, guapa y tener un buen cuerpo. Efectivamente el desembarco de los programas basura en televisión desde mediados de los 90, la macdonalizacion de la sociedad y el culto a la imagen y lo superficial tienen un precio que las nuevas generaciones empiezan a pagar muy caro. Aunque eso sí, a lo moderno.

sábado, 23 de junio de 2007

No estoy de acuerdo


con el final de Casablanca. Si yo fuera Rick, también hubiera salvado a Laslov, el marido de su amada, y le habría ayudado a coger el avión a Lisboa. Pero eso de embarcar también a Ilsa, el gran amor de su vida... Por favor! No confundamos la gimnasia con la magnesia.

Si la vida

Son un cúmulo de escaleras,
La mejor parte, sin duda, es la que transcurre en los rellanos.

sábado, 19 de mayo de 2007

Extra - Ocurrencias

De un tiempo a esta parte vengo observando a un personaje peculiar con el que por estrictas exigencias del guión tengo que rodar algunos planos. No es que Clotilda, que es su nombre de ficción, (como no podría ser de otra manera) sea una mala actriz. No, no. En absoluto. Pienso yo que quizá le han ofrecido un personaje equivocado, y ella lo ha aceptado. Una ocurrencia que desde mi condición de extra, secundaria e insignificante, me permito tener. A Clotilda, ya desde el primer día que la vi salir de la sala de maquillaje, tan tensa, tan antinatural, tan asustada, la vi mal. También es verdad, no voy a negarlo, que el suyo es un papel difícil. Pero ¿qué papel no lo es cuando no es el tuyo? El caso es que a Clotilda, a la que yo imagino sublime en un papel de oficinista, con unos horarios fijos e inamovibles, ordenando papeles y archivos y aplicándoles el riguroso orden que rige su mente, le han ofrecido el espinoso cargo de relaciones públicas. Y así vamos. Que cada vez que ella entra en escena algún personaje sale malherido. Ayer, sin ir más lejos, en un acto de honestidad inesperado le espetó a uno de sus compañeros, casi zarandeándole y con los ojos desorbitados: “Imbécil! Pero, ¿Por qué no me avisaste? ”. Él, atónito y acongojado, se quedó quieto, impávido y silente, mirándola con una cara de terror digna de un primer plano que el cámara, atento y entrenado, registró complacido. Tampoco la guionista perdió baza, y anotó disgustada cuatro garabatos a propósito de la escena. Parece claro que ella tampoco aprueba las intervenciones de Clotilda. Y sin embargo, fue ella la encargada del cásting. Entonces, ¿Qué ocultas presiones le obligan a transigir? ¿A quién le interesa que Clotilda esté dónde está? ¿Por qué, siendo tan evidente su incompetencia, nadie hace nada al respecto? Otra vez, lo más interesante, intenta pasar desapercibido entre bambalinas.

El balanceo

de la mecedora me tiene enganchada. Me fascina esa sensación de ir y venir sin apenas moverme. Un poquito para adelante y un poquito para atrás... delante, detrás, delante, detrás, ...te, tras, ...te..tras...

¿Y ahora qué?

La historia de Párvula es la historia de un ser tremendamente sensible enfrentado a un entorno hostil. Un ser afable, convertido en una bestia a base de limitaciones. Un ser, en definitiva, inadaptado e incomprendido, que sufre terriblemente. Es también la historia de un ser incapaz de entender que el mundo no gira alrededor de sus necesidades. Un ser tirano y autoritario esencialmente frustrado porque sus deseos y caprichos no se cumplen cómo y cuándo quiere. La historia de Párvula me recuerda al vía crucis de la adolescencia. Sin embargo, Párvula es una adulta, una mujer hecha y derecha que tiene cuenta bancaria, coche, móvil y derecho a voto. Una adulta que ante la mínima dificultad se enfurruña, llora y patalea. Una niña grande, malcriada y descontrolada, convencida de que sus padres primero, y el mundo después, deben postrarse a sus pies. Y yo me pregunto: ¿Y ahora qué?

El instante decisivo

Cada historia, cada sueño, cada realidad tiene un instante decisivo en el que las tornas giran hacia un lado o hacia otro. Un momento crucial en el que la historia, el sueño y la realidad empiezan a desfilar irremediablemente hacia algún sitio. Es el tiempo de la definición, de la primera letra, del último preludio. Muchas otras palabras se escribirán en adelante, pero ninguna otra tendrá el mismo peso ni el mismo ritmo. Ya habrá tiempo, después, entre párrafos, para omitir líneas, leerlas sin entenderlas, saltárselas o simplemente ignorarlas. Lo que se dice o no se dice, lo que se hace o no se hace, lo que se piensa o no se piensa en ese momento crucial está sorprendentemente ligado a los acontecimientos que se sucederán a partir de entonces. Es la semilla del árbol ó el germen de la pandemia. Raíces invisibles por las que irá trepando el argumento de cada historia, cada sueño y cada realidad. Todo lo demás será contrastar, refutar, pelearse o rebelarse contra lo sucedido en ese instante. Es el momento del estreno, del disparo de salida. Es el primer aleteo, la última curva, la primera línea recta, la última raya, el primer punto, el último aviso, el primer parpadeo del destino ó el último guiño del azar. Ése es el momento decisivo, el que marca un antes y un después.

Y la luna

- ¿Tú me prometerías la luna?
- ¿La luna?
- Sí, la luna.
- Pero si no es mía.
- No importa, ¿Me la prometerías?
- Mmm...No.
- ¿Aunque te la pidiera?
- Depende... ¿Para qué la quieres?
- Pues no sé... por tenerla, por saber que es mía.
- No.
- ¿Por qué no?
- Precisamente me gusta por eso, porque no es de nadie.

Libertad

Es irte sin que sea una huída.
Es quedarte sin firmar la rendición.

Cegueras compartidas

Ese ver que todo se está desmoronando. Esa sensación de que ya nada encaja como antes, que las bisagras chirrían, que las puertas ya no están abiertas de par en par ni cerradas a cal y canto. Esa molesta sospecha de que las certezas se van volviendo relativas, escurridizas, que el suelo se está agrietando y se va volviendo blando, un poco más movedizo a cada paso. Ese alejarse paulatinamente. Y ese empeño en no querer reconocerlo, ese seguir con la cabeza bajo el ala, ese hacer oídos sordos a los avisos que cada vez se presentan más violentos, más desesperados. Ese instalarse en la pasividad, ese esperar que alguien o algo venga y lo arregle todo. Esa fascinante capacidad para ignorar alegremente la triste cosecha que vamos sembrado. Y ese asombro. Ese asombro fascinante y maravilloso. Espectacularmente digno y patético al levantar la vista y ver el panorama desolador cuando ya todo se ha perdido y malogrado definitivamente. Cuando no queda ya ni una sola semilla de esperanza a la que aferrarse.

Deseo

Una fiesta de disfraces. Andar descalza por el parque.
Un empate en un debate.
Dos bolas de limón y un bombón de chocolate.

lunes, 16 de abril de 2007

Un enemigo del Pueblo


De todas las reflexiones que plantea la obra Un enemigo del Pueblo, de Henrik Ibsen, me quedo con la idea del sufragio universal como farsa. La democracia como la tiranía de la mayoría. Y la mayoría como una masa hábilmente manipulada por una oligarquía político-económico-informativa. Con un guión de rabiosa actualidad, una escenografía muy efectiva, y un muy buen reparto, Gerardo Vera dirige una obra que señala, critica y denuncia la falta de libertad y sentido crítico de nuestra sociedad, de los individuos que la conforman, y de todos los agentes que se alinean para perpetuar esta falsa democracia. Actualmente en cartel en el Teatro Tívoli de Barcelona.

jueves, 12 de abril de 2007

La prepotencia

es como la lluvia. Si abres el paraguas a tiempo, no te moja.
Te resbala.

viernes, 23 de marzo de 2007

Pastillas, no. Gracias

La sangre vuelve a fluir líquidamente por mis venas. El aire circula libremente por mis fosas nasales y se adentra de nuevo en mis pulmones. Mi pulso ha recuperado su fuerza. Mi cuerpo su calor. Mis pies su movimiento y mis manos su movilidad. Pero hay algo que no ha cambiado: sigo llorando a mares. Cada lágrima sigue siendo un pedazo de alma emocionado. Y emocionante.

lunes, 29 de enero de 2007

Sangre

- ¿Leo Desconforme?
- Sí, soy yo.
- Pase por aquí, por favor.
- Gracias.
- ¿Está usted en ayunas?
- Sí.
- ¿Ha traído las venas?
- Sí. Verá, quería pedirle un favor.
- Dígame.
- ¿Sería usted tan amable de tratarlas con cuidado? Es que son las únicas que tengo.

Globalización

¿De dónde soy ó de dónde vengo?
¿A dónde voy ó a dónde me quieren llevar?

martes, 16 de enero de 2007

Thunder

only happens when it's raining.
The Corrs.

lunes, 15 de enero de 2007

Me presento

Me llaman Liset y he sido persuadida por Leo, Lena y Luz para formar parte de este vacío impertinente. La verdad es que he aceptado casi sin pensarlo. Pensar no es una actividad a la que le dedique mucho tiempo. Eso es algo que a Lena, cuando nos conocimos, le pareció rarísimo. Creo que ahora ya se ha acostumbrado. Yo soy más de intuiciones, de dejarme llevar un poco por las cosas, no sé, por un sexto sentido. Hasta ahora me ha ido bien así. Me gusta la gente tranquila de mirada limpia. Como por ejemplo Leo, aunque reconozco que sus teorías son demasiado complicadas para mí. Hace poco me llevó a una fiesta dónde todo el mundo hablaba como ella y no entendí nada. Se lo he dicho muchas veces, que yo soy una persona sencilla. Me encanta leer, y también el cine. Me gustan las historias que hablan de gente normal, como yo, y de lo rara que se vuelve la vida a veces. Otra cosa que me gusta mucho es reír. Tengo la risa floja, siempre me ha pasado. Y cuánto más solemne es una situación, más risa me da. No sé por qué será. Pero me pasa. Me acuerdo que una vez fui con Luz al teatro a ver una obra de Samuel Beckett. Era muy seria, muy existencial. Y sin embargo a mí, ese sinsentido tan absurdo me pareció comiquísimo. Total, que me di un hartón de reír tremendo. Cuando salimos Luz me dijo que le gustaba mucho mi sentido del humor. Aún no sé si me lo dijo en serio o era broma. Eso me pasa a veces con Luz, que no la acabo de entender.

martes, 9 de enero de 2007

Mirar desde otro lado

la vida propia es como espiarme por el ojo de un cerrojo y descubrir con asombro quién soy y cómo he llegado hasta aquí. Es como volver a ver una película y advertir reveladores detalles que abren puertas que llevan a mundos ocultos, insospechados. Mundos paralelos que transcurrieron siempre a mi lado sin hacer ruido, hasta que de pronto un día me di de bruces con el paso subterráneo que me une a ellos. Desde ese preciso instante ya nada ha vuelto a ser cómo era: claro y sencillo. El laberinto por el que mis recuerdos se pasean, se entretienen, se confunden, se pierden y se interrelacionan, altera súbitamente mi presente. Me he vuelto un ser complejo, incompleto, inquieto, ávido por revisar, por descubrir otras interpretaciones. Esencialmente atenta a encontrar otra versión de lo vivido. Y de lo contado.

Guarda Silencio

Ni se te ocurra decírselo,
no puedes saberlo.
Ella todavía no lo sabe,
y es su secreto.
Ssshh…

jueves, 4 de enero de 2007

Pareja de cine I


La que forman Daniel Hendler y Julieta Díaz en Derecho de Familia, la última película de Daniel Burman. Si la comparamos con la típica pareja feliz de Hollywood entonces no, no son una pareja de cine. Él no es un hombre de éxito, ni es terriblemente atractivo, simpático, tierno o rico. Ella tampoco es una mujer explosiva, glamorosa, misteriosa, especialmente romántica ni complicada. Son dos personas corrientes, ordinarias, y al mismo tiempo únicas, como tú o como yo, con sus conflictos y sus contradicciones, que se encuentran, se enamoran y forman una familia. Una familia que no es ni una burbuja de amor ni un infierno al estilo de Los Rose. La película plantea que una cosa es estar enamorado de alguien y compartir la vida con esa persona, y otra es afrontar en solitario las crisis personales. De modo que por más que se compenetren y se equilibren el uno al otro, ambos se enfrentan por separado a sus conflictos como individuos. La relación de pareja de propone Daniel Burman no es perfecta, sino real, y además funciona. El mérito reside justamente en la forma de ser, actuar y tratarse de los dos personajes, que ni es excepcional, ni sucede en un escenario idílico. Para mí las parejas de cine son precisamente las que viven en el planeta tierra, y lo que nos cuentan en la gran pantalla no son sus grandes sueños, sino su mundo particular.

Pareja de cine II

- ¿Y si pasa algo?
- No. No va a pasar nada.
- Pero si pasa algo, ¿Dónde te ubico?
- No me ubicas. Ésa es precisamente la idea del viaje.

- ¿Qué pasa, papá? ¿Te pasa algo?
- Puede que sí. Pero ya eres mayor para darte cuenta tú solo de algunas cosas.

miércoles, 3 de enero de 2007

Un poco más

- Sólo te queda el último tramo.
-Estoy cansada.
-Aguanta sólo un poco más.
-Se me agotan las ganas.
-Sólo un poco más.
-Tengo dudas.
-Sólo un poco más.
-No sé si quiero llegar.
-Sólo un poco más.
-¿Cuánto es un poco más?
-Nada. Un poco más no es nada.
-Pero ¿Qué haces? ¡No puedes pararte ahora!
-Estoy cansada.
-¡Levántate!
-Necesito descansar.
- ¡Pero si sólo te queda un poco más!
- Claro, claro.. Siempre es un poco más.
- ¡Un poco más no es nada!
- Eso depende. A estas alturas, un poco más es demasiado.

La Carta

Venía sin remite. Sin firma. Sin sello. Ni siquiera era para mí. Pero estaba en mi buzón. La leí y durante meses estuvo la carta sobre mi mesa, gritándome en silencio un mensaje en clave que no sabía descifrar. ¿Quién podría haberla escrito, quién habría venido hasta mi portal, habría conseguido entrar a la portería y habría decidido dejarla precisamente en mi buzón? ¿Y por qué no podía responderle? A veces pensaba que debió haber sido una equivocación, que debía haber alguien por ahí que abriría el buzón cada mañana con el corazón en un puño esperando encontrar la carta que yo tenía. Quizá la vecina de al lado, la que baja cada mañana a comprar el pan a primera hora, ó quizá el jubilado de arriba que sale a pasear justo a la hora que viene el cartero. Y quizá la persona que la escribió llevara meses esperando una respuesta, una respuesta que yo no sabía darle y que quién debería dársela no sabía siquiera que su carta se había extraviado. También pensé que quizá debería devolverla a la calle, dejarla de nuevo en manos del azar para que se la hiciera llegar a quién correspondiera. Pero ¿Y si no fuera una equivocación? ¿Y si la carta fuera para mí? ¿Y si yo tuviera la respuesta? Recibir una carta inesperada es algo muy extraño. Yo siempre había pensado que una carta no se le escribe a cualquiera, que se le escribe a alguien en concreto para decirle algo que quizá no se le pueda decir en voz alta. Algo que quizá sólo pueda expresare entre líneas. ¿Qué sentido tiene entonces escribir una carta sin remite ni destinatario? Hasta los mensajes que los náufragos lanzan al mar en una botella dan pistas para que quién la lea los encuentre. Pero ¿escribir una carta sin remite? ¿Qué clase de carta es ésa? ¿Acaso una carta puede ir dirigida a cualquiera? ¿Acaso cualquiera podría responderla?

El caso es que yo ya no soportaba más tener sobre mi mesa una carta que me miraba pidiéndome respuestas. De modo que decidí que me inventaría una respuesta. Que escribiría una carta, sin remitente, sin firma, sin sello. Y un buen día saldría a pasear, me colaría en el primer portal que viera abierto, escogería un buzón al azar y la dejaría allí. Y tal vez, la persona que la recibiera estaría esperando sin saberlo mi respuesta. O tal vez no. Pero así habría zanjado al fin el asunto de la carta misteriosa. Ahora el dilema sería de otro. De quién hubiera recibido mi carta. Así lo hice y me sentí mucho mejor. Había olvidado lo bien que me sienta saber que no tengo ninguna carta pendiente. Lo que desde luego no sospechaba es que esta mañana, después de unas semanas de apacible tranquilidad, al abrir el buzón me encontraría otra carta. ¡La respuesta a la mía! Y otra vez igual. Sin remite, sin firma y sin sello. Pero en mi buzón.

Si vienes

buscando guerra, puedes irte. Ya has ganado.
Si vienes en son de paz, pasa, fumaremos la pipa.