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jueves, 7 de diciembre de 2006

El tercer ojo

Yo lo miro, pero él me ve.

Cosas que pasan

Normalmente si no pasan coches cruzo la calle aunque el semáforo esté en rojo. Pero ese día no. Ese día me quedé encantada con el muñequito rojo, embobada con él como si no lo hubiera visto antes, o peor aún, como si ya nos conociéramos y quisiera decirme algo. Entonces paró un taxi delante de mí, se abrió una puerta y bajó ella.. ¡¡Clara Matraca en persona!! Volví a mirar al muñequito rojo y me pareció que intentaba huir a base de intermitencias, fingir que él sólo pasaba por allí. El consiguió escapar a tiempo, pero yo no. Para cuando quise reaccionar, ya me encontraba metida de pleno en uno de esos encuentros tan irremediables como innecesarios. ¿Y qué tal todo? ¿Qué has hecho con tu vida? ¿Que trabajas de qué? ¿Que vives dónde? ¿Que piensas qué? ¿Qué eres qué? Reviví por un minuto aquella olvidada sensación de estar ante un juez. ¡Qué horror! En momentos así es cuando me alegro de vivir en una graaaaaaaan ciudad.